domingo, noviembre 08, 2009

Manual de autoayuda (peligro)


Me molesta pensar que, sin pretenderlo, caigo en lo repetitivo y superfluo, en lo políticamente correcto, en lo dignamente aceptable. Y escribir de verdad pasa a otro plano e intento, sin mucho éxito, reflexionar sobre lo cruel y despiadada que ha sido la vida conmigo –en caso ‘vida’ se tome en cuenta con diecinueve años- , y de lo mucho que deseo salir del Perú, y otro tanto de sexo y otro poco de teta, poto, y vagina. Fácil. Tan fácil como relatar una estúpida anécdota, ponerle la cuota adecuada, y esperar la respuesta de los lectores que, tan impredecibles como saben ser, y sin siquiera terminar o empezar o llegar a la mitad del texto, te halagan, te miman, te incentivan –eres el mejor, Alexito, sigue escribiendo; no te detengas, me encantas; tu blog es lo máximo; tienes una mente maravillosa; eres un ángel, un encanto, un amor, un dios- y luego sombrean sus palabras, le hacen clic a otro blog, y pegan, verifican, cuidadosamente, que nada los delate, que todos los detalles estén finamente cuadrados. Aunque, vale reconocer, también hay los que leen. Pero, señores, cuantos de nosotros entran a internet a leer un texto de cuatro, cinco o seis páginas. ¡NO!, ni hablar; se va el tiempo, mucha flojera, y no me manden a leer tanto que no estoy en la facultad ni es un puto examen de filosofía. Y, cual imbécil total, el blogger se cree las palabras y contesta los comentarios, y entonces su blog se vuelve el paraíso de la buena onda y una orgia perpetua de buenas intenciones y amistad total, y cariñitos y quien sabe cuantas cosas más –y esto no lo sé porque mi blog, como se pueden haber dado cuenta, no goza de una popularidad generosa-.

Okey. Esto no es un post contra los lectores ni los estúpidos –como yo- que se creen los comentarios. Se trata, en realidad, de una molestia que sufro en la cien, en la boca del estomago, por debajo de los testículos –oh, dios, escribió “testículos”. Hereje, blasfemo, homofóbico, hijo de Satanás, anticristo- . Se trata, para ir al grano, que me molesta pensar que me vuelvo un puto escritor populacho, del pueblo, de ustedes y de ellos, de los que quieren caer bien porque –al fin y al cabo- terminaran, tal vez, comprando sus novelitas y leerán en su blog sus poemitas sobre el amor, la vida, y las experiencias. Me da nauseas. Pero vomitaré en quince minutos. Odio, entonces, pensar que me vuelvo un escritor de aquellos que publican manuales de autoayuda. Si, si, esos. Y no me miren así que los conozco tan bien porque he leído decenas de esos libros –algunos en el colegio y otros porque mamá o algún tío despistado me prefería leyendo algo de superación personal-. Y, créanme, son muchos. Y de todos he aprendido unas cuantas cosillas que pasaré a explicar, para serle fiel a mi nueva vocación, para no decepcionarlos, porque si todo el mundo escribe sus reflexiones y se pregunta siempre lo mismo y añora su infancia y llora por amor y se da cuenta que nació para vivir y no para sentirse muerto cuando todavía tiene una vida por delante. Permítanme que vomite y regreso.


Punto 1:
Aprendí que los manuales de autoayuda, en su inmensa mayoría, lo escriben viejos con el suficiente dinero para sentarse frente a la laptop y contar su triste experiencia de una niñez pobre en algún barrio de algún pueblito en algún país tercermundista, y una madre prostituta y un padre alcohólico y drogadicto –y esto ultimo no puede es necesariamente literal, pero es muy parecido-


Punto 2:
Señores, por un demonio, acaso necesitan que un viejo panzón embutido en Armani y con el auto del año en la cochera les diga que la vida se ha hecho para pelearla, para aprender de las adversidades, para no darse por vencido, para pensar antes de actuar, para no ser tan tarados cuando la fatalidad tocó nuestra puta puerta y ahora yace, con las manos en los cojones, sentada el sofá de cuero y jugando con la computadora. Se necesita leer las experiencias y los consejos de alguien para tener claro que la mediocridad nos llevará a esa clase de vida y el pensar en alto y seguir por ese camino terminará siendo la única salida lógica. Se necesita que te restrieguen en la cara que tu vida es patética, que en el amor te va mal porque no lo entregas todo, que no tienes dinero porque prefieres callar antes que dar tu opinión. Se necesita leer los consejos de un imbécil millonario para ser, algún día, si papa lindo y la virgentisima recontra virgen María lo permiten, otro imbécil millonario que, al igual que esos, hablen lo bien que les fue. ¿Ustedes si?... okey, no pienso cambiar la opinión de nadie, no escribo manuales de auto ayuda.


Punto 3:
“Como satisfacer a tu pareja sexualmente”; “Siete cómodos pasos para llegar al éxito”; “Chocolate caliente para el alma de los adolescentes”; “La (puta) vaca”; “El manual del inteligente”; “Entre la razón y la discordia”; “El secreto”; “El secreto (volumen extendido, dos videos y un cd de regalo)”; “Lectura rápida: la realidad de las cosas”; “El matrimonio”; “Como llevar una vida matrimonial estable”; “Educando a nuestros hijos”…
¿Algo más?


Punto 4:
Cuando la calidad narrativa se deja a un lado y la estabilidad económica va de viento en popa nace la necesidad de transferir, cual hijo de nuestro señor, aquel conocimiento a los más débiles, porque tal vez, de esa manera, alguien podría beneficiarse. Si, eso haré. Y, como tengo dinero y una prospera empresa, las editoriales se pelearan por mí. Planeta, Alfaguara, Seix Barral, y demás estarán encantados en publicar mi obra, que fue hecha con todo el amor del mundo para los pobres infelices que reflexionan y reflexionan y siguen reflexionando y no saben qué hacer luego. Oh, por supuesto, tener las influencias que tengo ayudara.
Mi manual de autoayuda termina siendo, gracias a la política del dinero llama al dinero, un éxito rotundo. De todas formas, siempre están los que se cansan de leer las caricaturas y el horóscopo en los periódicos, y para pasar por intelectuales –aunque esto no sea posible con La guerra y la paz entre las manos-, leen manuales de autoayuda.


Okey. Esos son mis puntos de vista. Tengo más, pero ya sé que a ustedes no les gustan los textos amplios –Oh, Alex, muy bien tu blog pero me aburre que sean tan largo ¿por qué no reflexionas? Quizá ahora tendrías doscientos o trescientos seguidores- .
Aunque, ahora que lo pienso, voy a aprovechar la oportunidad para dejar en claro tres cosas:

Uno:
Por un demonio, no se tomen todos mis relatos como un asunto personal. Recuerden: escribo ficciones!!.. ficcioness!!!... no soy homofóbico, no creo en el diablo, no creo en dios, tampoco, no y no y no y no!..

Dos:
Si critican, al menos lean.

Tres:
Para tener paz, amor y felicidad, otras tres cosas: coman sano, defequen bien y tiren como mierda.

Un abrazo.

viernes, noviembre 06, 2009



Conocí a pata de loro una tarde de verano en la playa La Herradura, en 1998. No estaba solo, lo acompañaba Luis Franco. Pero en ese entonces no sabía quien era Luis Franco ni mucho menos pata de loro, salvo que andaban siempre juntos y estudiaban periodismo audiovisual en alguna universidad limeña. Erika, siempre tan conversadora, me había hablado de ellos durante toda esa semana, asegurándome que eran súper buena gente y que serian la mejor compañía en aquella playa chorrillana. Para no discutir con mi amiga acepté la invitación. Llegaron dos horas más tarde, riéndose, empujándose en ocasiones, con una lata de cerveza cada uno en las manos. Comimos ceviche y tomamos mientras departíamos de ningún tema en especial –o al menos es eso lo que recuerdo-. Por la noche visitamos una discoteca en Barranco. Acompañamos a Erika hasta su casa y, a pesar de mi insistencia, ambos amigos me dejaron en la mía, no sin antes obligarme a prometerles que nos volveríamos a ver lo antes posible. Resignado, y porque quería darme una ducha lo más pronto posible, les dije ya, pero está vez yo escojo el sitio. Como quieras, brother, me contestó pata de loro, formando una media sonrisa en sus labios mientras Luis Franco sostenía su mano sobre la mía y parecía no querer dejarla ir.

No voy a aburrirlos con peroratas sobre lo mucho que nos divertimos o a donde íbamos cada vez que salimos. No lo considero importante, ahora que ha pasado mucho tiempo y ya no tengo dieciocho años, ni ellos veinte. Sin embargo, lo primordial de todo fue que pata de loro y yo nos volvimos íntimos. Compartíamos ciertas ocurrencias: nos gustaban los videojuegos y las salas de billar, escuchar punk a todo el volumen posible y asistir a conciertos todo el tiempo que nos sea permitido -que era muy poco, valgan verdades-. Respecto a Luis Franco, su presencia, por lo general, resultaba molesta, miraba mi amistad con su amigo como un grave peligro del que debía encargarse como fuera, pues, pienso yo, le quitaría a pata de loro en el momento menos indicado. Una noche se lo hice saber a pata de loro. No le hagas caso al flaco, es un loco de mierda, me aseguró. No tengo broncas con él ni nada en su contra, compadre, pero que no me esté mirando así, ya parece tu hembrita. Soltamos una carcajada y seguimos con nuestras cervezas y buscando una buena mesa para jugar. Después de todo, Luis Franco había sido su amigo desde mucho antes que yo aparezca.

Se conocieron en secundaria, me contó un día, jugaban futbol juntos y asistían a bulines cada fin de semana –antes, al menos, que yo lo conociera-. Tenían planes de alquilar un departamento de solteros y tirar con todas las chicas que pudieran –y no eran pocas, porque, y lo suelto al paso, pata de loro y Luis Franco tenían una belleza misteriosa y un talento innato para conversar-; compartieron momentos difíciles y por ende llevaban una amistad profunda, casi al extremo que uno le había prometido al otro ser el padrino de sus primogénitos y –si en caso fueran hombres- llevar sus respectivos nombres. En el colegio peleaban mucho porque a pata de loro lo molestaban por tener una pierna más delgada que la otra, un defecto físico con el que había nacido y por más que le dedicaba largas horas de la mañana ejercitándola no engordaba ni tomaba forma y en cambio su cuerpo y la pierna buena se anchaban atléticamente; qué mierda, así tiro rico, brother.

Efectivamente, así tiraba rico pero ahora con mi compañía y que, según aseguraba, era de la san puta madre. Visitábamos bulines e íbamos a diferentes playas a bañarnos un rato y ver que mujer podríamos llevarnos esa noche a nuestras camas. Me ayudó con mi examen de admisión a San Marcos y cuando le anuncié mi ingreso corrimos a emborracharnos a una discoteca en el bulevar de Los Olivos sin invitar a Luis Franco y su cara de perra celosa. Era mejor andar sin él porque cuando tenía esa mala suerte imponía su presencia a cualquier precio, dejándome incomodo y haciendo morir de risa a pata de loro, que tomaba la actitud de su amigo como una digna muestra de amistad. Afortunadamente esa noche no nos acompañó.

Recibí una llamada de Luis Franco dos días después, me preguntaba a donde habíamos ido y hasta qué hora estuvimos fuera. Por qué, le pregunté. Dime nada más. Contesta primero. Porque su mamá me timbró muchas veces para averiguar sobre su hijo, obvio le dije que no sabía nada de él y que seguro estaba con su nuevo amigo en algún puterio. Qué gracioso, imposible que le hayas dicho eso. Responde mi pregunta. Pregúntale a pata de loro. Dímelo tú. No me da la gana. Entonces vete a la mierda, me dijo. Quise callarme pero no pude, ese patita había llegado demasiado lejos y estaba en la obligación de hacérselo saber antes que vaya por un rumbo diferente: vete tú a la mierda, marica de porquería. Marica será tu papá. Cuidado con lo que hablas, le advertí. Hablo lo que quiera. Tanta huevada porque salgo con pata de loro, ni que fuera tu marido. Pues lo es, imbécil, es mi marido. Entonces me colgó.

Definitivamente no me quedaría con la duda encima y mi amigo tenia derecho a estar al tanto de las ocurrencias de Luis Franco. Se lo conté una mañana en el billar. Dice que eres su chico, que salen juntos y que te acuestas con él, le dije. Eso te dijo, me hizo jurar. Salimos del billar y tomamos un taxi a casa de Luis franco. Vivía con su abuela en una casita de La Victoria. Tocamos. Luis Franco salió al poco tiempo, rojo como un tomate, pensando, quizá, que yo había ido con el chisme y que ahora le tocaba una buena paliza por andar hablando mentiras. Sin embargo, me sorprendió y nos saludó como si nada hubiera pasado. Deja de decir estupideces, le dijo pata de loro, formando un puño junto a su cara. Luis Franco me miró y quiso decir algo pero se contuvo para seguir escuchando como su viejo amigo le advertía andarse con cuidado, que a pesar que vayan a ser compadres no le da derecho de andar mintiendo. Lo siguiente me sorprendió al extremo. Le cogió el rostro a pata de loro y le dio un beso en los labios. Mi amigo, indignado, le dio un par de golpes certeros en la cara y, ensangrentado, continuó con un rodillazo en los testículos que le hizo voltear los ojos a Luis Franco. Para esta parte cerré los míos un segundo y luego traté de calmar a la fiera de pata de loro. Pero era imposible, estaba poseído por el demonio, pronunciaba insultos mientras desfiguraba la inmaculada cara de su viejo amigo. Una vez su tarea se hubo finalizada fuimos a su casa y tomamos unas cervezas hasta que, a media noche, me dijo que debía ir a ver a su mamá, que estaba enferma. Me dejó en mi casa, soltando un eructo, mascullando el nombre de su ex amigo, entrecerrando los ojos.

Como era de esperarse yo no estaba para nada apenado por la paliza de la noche anterior. Me enteré, unas semanas después en boca de Erika, que le habían hecho algunos puntos y que paraba en su casa todo el día, que había dejado de ir a la universidad, que la llamaba siempre para que vaya a visitarlo, a verlo llorar, a escuchar sus penas de amor. Es homosexual, pregunté. Si, me dijo Erika. Fue pareja de pata de loro. No lo sé. Tú lo sabes. No te voy a contar. No lo hizo, efectivamente, y no me quedaría con las dudas, le pregunté a pata de loro pero él prefirió mirar el LCD y tratar de ganarme en Crash Car, tarea que le resultaba siempre esquiva. Ya no importaba porque pata de loro paraba conmigo de arriba abajo. Por más que lo mirase por donde lo mirase me parecía irreal creer que mi amigo fuera marica: tan alto, atlético, rudo, pajero, cachero, borracho y mujeriego, era imposible creer que tenía otras preferencias y, peor aun, que tuvo una aventura amorosa con su ex mejor amigo. Aunque uno nunca sabe, digo yo. Luis Franco, en cambio, si llevaba todas esas apariencias: tan bajito, blanquito, suavecito, delicado él, preocupado por su ropa y su cabello, interesado en música de maricones e incapaz de mirarle el trasero a una buena hembra. Ese si era de todas formas. Igual no preguntaría por el bien de mis cervezas.

El tiempo pasa rápido, y ahora que estoy viejo me doy cuenta de ello, tanto es así que cuando estuve a punto de graduarme y me vi en el espejo no era el mismo. Había quedado atrás todos esos años de putas y marihuana, de playas y billar. Salía con la secretaria más linda de toda lima y tiraba duro y parejo con ella en mi nuevo departamento en Surco. Pata de loro iba a visitarme cada vez que podía y yo lo aceptaba porque era de esperarse cuando se tiene tanto trabajo encima. Nunca hablamos de Luis Franco. Es más, había olvidado su rostro completamente. Por eso me sorprendí cuando abrí mi puerta y él estaba ahí. Quien eres, quise saber. Luis Franco, te acuerdas de mí. Me quede helado. Puedo pasar, me dijo. No podía ser descortés, no eran los principios que había aprendido en el colegio católico. Lo invité a sentarse y hasta le ofrecí unas cervezas o un refresco, lo que desee. No, gracias. Yo si necesito una chela, por el feliz reencuentro, mentí. Caminé a mi cocina, alcé la voz para preguntarle cómo era que conocía mi nueva casa. Sin embargo, Luis Franco estaba a mi lado, mirándome, con los ojos bien abiertos, queriendo decirme algo que no podía ni se atrevía a decir. Saqué mi lata de la nevera y él me esperaba detrás de la puerta, cuando la cerré me sobresalte, qué demonios, hubiera dicho si no se adelantaba y me daba un puñete en la nariz. Agarré con ambas manos mi ensangrentada nariz. Iba a sacarle la mugre por faltoso, pero Luis Franco ya estaba encima mío repartiendo golpes a diestra y siniestra, gritando una serie de insultos que no entendía porque estaba preocupado en salir vivo de aquella contienda. Cogió unos platos y los rompió sobre mi cabeza. Sintiendo la sangre correr por mi mejilla cerré los ojos, rendido, estaba perdido. Arrastró mi debilitado cuerpo a la cama de dos plazas que había adquirido la semana anterior y donde le había hecho el amor a mi novia secretaria. Una vez echado, traté de reaccionar. Luis Franco, ese marica de porquería, me golpeó de nuevo en la herida y no le importó que la sangre simplemente corriera. Se sentó sobre mi vientre, besando mi cuello, mis labios, mi pecho ensangrentado. Arrancó cada una de mis ropas, golpeándome siempre para no recuperar las fuerzas. Volvió mi cuerpo de espaldas. Sentí su sexo erecto sobre mis nalgas, jugaba con ellas, parecía querer penetrarlas en cualquier puto momento. Entonces hizo caso a sus instintos y penetró mi trasero, sin contemplaciones, en venganza por quitarle a su chico atlético, en revancha por la paliza que éste le había dado varios años antes, y se hizo de mí como le dio la gana, como si mis posaderas hubieran sido creadas para saciar su hambre de sexo y venganza. Una vez terminó, lo sacó y se masturbó sobre mí. Sentí aquel líquido blancuzco y pegajoso correr por mi espalda, lo que antes había hecho con las mujeres, y entonces supe que estaba condenado a morir en ese lugar, sodomizado por aquel hombre vengativo.

Mi novia me encontró tirado en la cama casi dos horas después, lleno de sangre, con el culo abierto. No preguntó, llamó a una ambulancia. Estuve cuatro días internado y cuando la policía me preguntó le dije que no conocía el rostro del delincuente. Lo tomaron como mentira pero como no había denuncia porque yo me negaba y no había robado nada, dejaron que me fuera. Les di una buena cantidad de dinero con la promesa de no comentarlo con nadie. Le hice jurar a mi novia que no abriera nunca la boca. Y cuando pata de loro quiso saber, le dije que se fuera a la misma mierda, que nuestra puta amistad había terminado y que si me volvía a buscar le rompería el culo, por cabro y mentiroso, quizá también para hacerle sentir que tan duro era.
Casi recuperado paseaba, de la mano de mi novia, por el Jockey Plaza, a alguna tienda para comprar algunas cosas para la casa. Nos sentamos en el Starbucks a tomar un café. Ella había hecho voto de silencio sobre mi problema. Yo soñaba todos los días con el rostro erotizado de mi agresor. Quería verlo, no para pegarle, simplemente le preguntaría por qué yo y no pata de loro. Necesitaba la respuesta. Y, lo que es la vida de mierda, la respuesta entró con otro hombre a la misma cafetería. Lo vi hablando de lo más alegre a unas mesas de la mía. Era lógico que mi novia no supiera quien era y por eso me preguntó qué amigo cuando le dije que necesitaba saludar a uno. Me paré a su lado. Luis Franco me miró, boquiabierto, unos segundos, creyendo que tal vez me había gustado y venía a pedirle más. Sin embargo, saqué mis llaves del bolsillo y le incrusté una en uno de sus ojos verdes. Escuchaba a las personas gritar, a su chico marica sollozar por mi acto vandálico. Y antes que alguien reaccionara lo estrangulé con mis propias manos. Estamos a mano, marica de mierda, fue lo último que dije.

Saben una cosa: la cárcel no es tan mala, al menos acá yo soy el que sodomiza, y siempre, claro está, en nombre de pata de loro, Luis Franco y mi ex novia secretaria.

lunes, noviembre 02, 2009

Enamorándome de Víctor


Detrás de su mirada fija y penetrante se esconde el alma de un poeta, de un hombre que aprendió que la vida es un camino lleno de obstáculos y baches, que amar no siempre es doloroso y que de hecho existen aquellos momentos que nos mantendrán firmes ante la adversidad y con la cabeza arriba. Y esa alma, ese poeta, ese hombre, decide enamorarse para descubrir que en verdad los humanos no solo estamos formados por carne y hueso y sentimientos fingidos y entrenados con los años sino que podemos sentir, respirar, sonreír, vivir.

Víctor es un amigo, un compañero, un lector fiel y reflexivo, lucido. Víctor es un poeta, y un blogger capaz de transportarnos a un mundo diferente, donde la nostalgia y la ternura reinan, y tanto su poesía como aquella prosa fastidiosa, que lo acosa a cada momento por obligarse a mantener un blog abierto y haberse visto en la obligación de comunicarse de otra manera, son un plato diferente, recargado de energías, listas para ser consumidas por aquellas almas solitarias y enamoradizas que viajan en pos de una buena lectura. No cabe duda, señores, su blog es todo eso y mucho más. Un lugar acogedor y transparente, un crucero por la discreta ternura y la fina ironía, por la mente de un grande, teniendo como capitán y dueño del timón a la pluma de un escritor talentoso y perseverante, de un poeta con alma de hierro, de un hombre que decidió enamorarse y que nos enseñó a nosotros, los mortales, el significado de tan extraña palabra.

Era de noche y estaba lejos de casa. Había quedado en entrevistar a Víctor unas horas antes pero una dificultad se presentó en su horario por lo que no se pudo dar. Cansado de estar en casa, y porque el amor se acababa de ir a la suya, decidí caminar, simplemente, a donde fuera. La ruta fue larga. Me acompañé con cigarrillos y la soledad torturadora de mi mente de escritor precoz. Agotado al fin de mover las piernas, me detuve en unas cabinas de internet, no para alquilar una maquina ni para comprar más cigarrillos, solo reposar un rato y ya. Sin embargo, la soledad es mala compañera y para escapar de ella habría que tomar acciones inmediatamente: alquilé una cabina -tiempo libre, por favor, para no ser molestado-. Víctor estaba en línea. Me pedió disculpas, estuvo en un coro pero ahora ya está libre, todos los martes será lo mismo, y que si podíamos empezar con la entrevista, que él no tenía ningún inconveniente. Estoy lejos de mi casa, le dije, pensando en los apuntes que había destinado para la entrevista y que reposaban en el primer cajón de mi escritorio. Si deseas esperamos, me propuso. No fue un buen día, escribí. No te preocupes, trató de consolarme, en otro momento. Ni hablar, digité, es ahora o nunca. Y de esa forma, y como para calentar motores, comenzamos.


-Hoy ha sido un día complicado... ¿Los has tenido?

Buf, la verdad es que lo que me cuesta es recordar días sencillos.

-La vida esta hecha para eso, supongo: para complicarse por nada, para sentirse débil cuando se es fuerte.

¡No!, me duele que digas eso. Como adolescente que soy, me niego a que reduzcas mi vida a una nadería. No lo sé, no tengo la perspectiva vital suficiente como para mirar atrás y poder decir: "Todo lo que he sufrido no es nada" o "En realidad soy fuerte, aunque no lo sienta ahora".

-¿De donde consigues la fortaleza?

De la música, de un día soleado, de mi familia, de mis amigos, de Marco.

-¿Quien es Marco? ¿Cómo decidiste enamorarte de él?

Marco es un chico al que conocí en la fiesta de cumpleaños de mi mejor amigo. Se fijó en mí aquella noche, y acabamos besándonos en mi cama. Se enamoró de mí, y yo me resistí a corresponderle. Fue en navidad, y recuerdo que cada uno de aquellos días. Fue mágico, maravilloso, único. Luego llegó el año nuevo y me enamoré de él en su barco, de madrugada (o puede que me enamorase de él un día antes mientras patinábamos en una pista de hielo); fui el ser más feliz de la tierra durante unas semanas. Después él acabó, sin ninguna explicación del por qué, y yo me morí, pero resucité un poco en cada página del libro que le dediqué.
Algunos dicen que "Enamorándome de Marco" es una novela. Está claro que es puramente autobiográfico; lo único que hice fue inventarme un par de personajes para darle "animación" a la obra.

-¿Cómo es tu relación ahora con él?

Bueno, él se ha negado siempre a que yo pusiera tierra de por medio, nunca me ha dejado que me alejase durante mucho tiempo. Al final he aceptado que sólo le tendré como amigo y que estoy en proceso de conocerle. Conocerle como amigo, ya me entiendes.

-Dices que eres un poeta que escribe en el balcón, se debe acaso que encuentras inspiración bajo el cielo, en la intimidad del viento, como único cómplice y testigo la luna y sus estrellas.

Eso es poesía, sin duda. La verdad es que me inspira el humo del tabaco y el cielo sin estrellas de la ciudad; descubrir, casualmente, que entre las nubes una tímida luz blanca se asoma: la luna que apenas respira por la contaminación. Me inspira ese entorno que, a pesar de ser tan mío, está tan desnudo de cualquier signo de propiedad.

-Esa misma luna capaz de comprenderte...

Sí, digamos que la luna es el punto álgido de la simpatía universal que siento cuando estoy en mi balcón.



Enamorándome de Víctor.


"Enamorándome de Marco" llegó una noche donde, aburrido de escuchar música, decidí buscar un buen blog donde entretenerme un rato. La tarea se vio realizada, de manera súbita e inconscientemente obligada, al leer un comentario de Víctor en un blog muy popular. Su reflexión sobre el post me pareció brillante e importante, pensé en que una persona con esa capacidad para analizar sería un gran aliado en mi quimérica misión de ser escritor peruano. Entonces habría que buscar algún contacto. El que fuera, me dije. Seleccioné su nombre y, a continuación, la página me mostró el humilde perfil de un poeta español y aficionado a los cigarrillos (y en mi opinión una sabia adicción) y un blog con titulo enamoradizo. En poco tiempo me acostumbré a ser parte de su espacio, a encariñarme con sus historias y anécdotas, a comprender la esencia del autor, de Víctor, mi amigo, mi compañero, mi hermano.


-Todos conocemos a Marco, y, debo admitir, nos hemos enamorado de él, pero poco se sabe de Víctor. ¿Quien es Víctor?

Oh, víctor no importa. Cuando tú ves una foto del Amazonas: ¿te preguntas el nombre del indígena que habrá bebido de sus aguas esa misma noche o te maravillas por la inmensidad del río? Pues yo soy el indígena y él el Amazonas.

-Hace poco publicaste un poema, y en la presentación de éste admitiste parecerte fatal seguir con la prosa, que prefieres la poesía. ¿Desde cuando la escribes?

De hecho, lo que me parece fatal es no seguir con la poesía. Pero es inevitable, Alex. Sólo puedo escribir cuando le veo (a Marco) tocar el piano, o cuando le recuerdo, o cuando le miro. Sin Marco, no hay poesía. Y recordemos que ahora somos amigos. Así que lo de escribir poesías sobre él queda descartado. Escribo poesía desde que leí "La Divina Comedia" de Dante, hace ya cuatro años.

-Por lo general, Víctor, buscamos una excusa para escribir, para justificar que aquella inquietud viene de algún lado y por algún motivo incomprensible. El tuyo, por lo que deduzco, es Marco. ¿Te lo has planteado alguna vez de otra manera?

No, para mí escribir siempre ha sido una manera de plasmar lo que siento. Supongo que es lo típico. Marco, al fin y al cabo, no existe como tal: es un personaje basado en hechos reales, que ha cobrado tanta vida que casi parece real. Pero la realidad siempre supera a la ficción.

-Marco existe porque lo inventaste, y es inmortal ahora.

Y eso hace que le tema, en cierta medida. Un amor tan grande que ha quedado impreso en más de 200 páginas. No creo estar preparado para asumir algo así y dejarlo atrás.

-Antes de Marco ¿Qué hubo?

Inestabilidad, niebla, rollos de un mes, amores imposibles, muchas lágrimas. En general, inmadurez y melodrama.

-Sé que Víctor es el indio bebiendo del agua del Amazonas (que es en práctica imposible), pero si tuviera que señalarle un defecto, cual seria.

Buena pregunta (Se toma su tiempo). El ansia de poder.

-Y una virtud...

Inestabilidad

-¿Cual es el principal rasgo de su carácter?

La empatía.

-¿Qué espera cada fin de semana?

Descansar...pero no hay manera.



De literatura, sudamérica y España.


Víctor es el entrevistado soñado. Me hace el trabajo muy fácil. Sus respuestas son sinceras, bien pensadas y espontáneas. No tiene miedo a contestar con la verdad ni se incomoda ante mis indiscretas preguntas. Me confiesa que no es la primera vez que lo entrevistan, que ya antes había tenido la oportunidad de vivir experiencias parecidas y que inclusive en una de ellas se había hecho cargo una de sus amigas para un trabajo universitario. No lo dudo ni lo comento. Prefiero no pensar en ello por mucho tiempo porque terminaría en preocuparme si lo estaré o no haciendo bien. En todo caso, sigo con lo mío. La estoy pasando cojonudamente,como dirian en España.

El tema de Víctor y su amor por Marco me deja ilusionado, pensativo, quiero seguir con ese tema pero el miedo a caer en lo repetitivo y aburrido me paraliza, inhibe el sentido de curiosidad que he descubierto en estos tiempos. Debo preguntarle, seguir con Marco, pedirle un consejo: ¿cómo se puede enamorar tanto, haber sido tan feliz efímeramente y vivir para contarlo? Marco, ese ser imaginario e inmortal, tiene la suerte de un dios, de un príncipe.

Nos relajamos un rato, hablamos de cualquier tema, esperamos que el descanso nos regenere. Le digo que Dayan (autora de Kasa de Papel) está del otro lado y quiere saludarlo. No hay problema, pregunto. Solo por Dayan haría eso, me dice. Entonces lo agrego a una conversación simultánea. Sin embargo, Dayan tiene problemas en su Messenger y no puede comunicarse. Cuando le digo a Víctor la razón, se lamenta, esperaba saludarla, me dice. En diciembre todo estará bien, lo animo (porque Dayan me anima de esa forma en otra ventana). Pretendo seguir con la entrevista. De donde eres, pregunto. De Barcelona, capital de Catalunya (pronunciado "Cataluña"), escribe. Recuerdo hace un instante me confesó ser adolescente y no logro evitar la curiosidad: 18 años, digita. Por dios, eres menor que yo, me asusto.


-Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que todos los escritores americanos deseamos ir a Europa a escribir, pasar por Barcelona, sentirnos, al menos, medianamente listos, importantes... ¿Qué es ser un escritor en España?

Es ser un grano de arena en una playa contaminada.

-Sin embargo, es cuna de grandes escritores...

Grandes, sin duda. No obstante, también es cuna de las mayores atrocidades históricas del mundo y hogar de incultos, zafios, patanes, vagos, maleantes, ladrones, maltratadotes de mujeres, machistas, políticos corruptos.

-El más optimista del mundo te diría que en todas partes se cuecen habas

Lo que pasa es que yo soy de los más pesimistas. En todo caso, soy feliz por vivir en una ciudad como Barcelona. En Europa, así como en otros países como EEUU, se separa a Cataluña del resto de España. Si bien poca gente conoce la realidad sociolingüística de Cataluña, hay que reconocer que como mínimo -y ya es un alivio- no nos confunden con los andaluces. Te aseguro que es agotador decir que eres de España y que, automáticamente, todo el mundo te diga "oooouh, torouss, sevillanass, olé olé!”. Acabas diciendo que eres de Barcelona, de Cataluña, como diciendo: "oh, sois europeos y no africanos".

-¿Donde te hubiera gustado nacer?

Aquí, en Barcelona. Si hubiese nacido en cualquier otra parte, no valoraría las mismas cosas que hoy valoro.

-Tal vez la historia seria otra

Sí, es probable. En todo caso, y volviendo un momento al tema de antes, debo decir que me apenas el caso de Sudamérica

-En qué sentido...

España jamás podrá subsanar todo el daño que os ha hecho y, aparte de eso, vuestra obra literaria no se valora en toda su magnitud.

-El boom latinoamericano fue un acontecimiento mundial importante y que sonó fuerte tanto en España como en otros países de Europa. ¿Un escritor español puede verlos como referentes?

Mira que curioso, eso mismo te iba a mencionar ahora: ¿Qué quiere decir eso del "boom"?

-Se conoce como "boom latinoamericano" a la seguidilla de novelas y autores que fueron reconocidos en Europa. Destacando, entre ellos, la genialidad de Vargas Llosa, Julio Cortázar, García Márquez, Carlos Fuentes.

Pero alguien realmente se cree que hasta entonces ningún grupo de autores sudamericanos se había reconocido en Europa, porque yo adoro los versos de Neruda, tan desgarrados, y podría nombrarte a otros genios: Rubén Darío, por el amor de dios, nada menos que el introductor del modernismo en España y una personalidad como pocas, una fuente de inspiración para generaciones de escritores españoles brillantes -la del 27, con Machado, Lorca, Cernuda).

Me da rabia que se le llame boom latinoamericano cuando lo que pasó es que el régimen franquista prefirió vender las novelas apolíticas de los autores sudamericanos, antes que las problemáticas obras de los de aquí. No por el verdadero talento de esos escritores del boom. Espero que no se me malinterprete, estoy quejándome de la hipocresía de los españoles, y no de la calidad de los escritores sudamericanos.

-No sé puede negar el talento de muchos de esos escritores y la influencia que han dejado en su camino.

Sí, sí, estoy completamente de acuerdo. Pero ya te digo yo que al ministerio de cultura español le importaba un cuerno el talento de esos escritores -si es que en tiempos de Franco tenía el gobierno alguna especie de "cultura"-.

-Y escritores que, sin ninguna duda, dieron el paso a otros grandes. España, por otro lado, es un país históricamente rico y poderoso, dueño de una basta cantidad de escritores como personalidades. Empero, visto desde un punto de vista diferente, cual podría ser la realidad.

España, el país de la patraña. Fuimos grandes siglos atrás y nos quedamos allí, dormidos en la gloria de cuando en nuestro imperio no se ponía el sol, y así nos van las cosas.

Le doy las gracias. Le digo que la entrevista no solo ha sido muy entretenida sino que, además, le había puesto la cuota precisa para volverla inolvidable. Pienso: es tan brillante y humilde que no sabe reconocerse como tal. Y lo pienso porque no deja de escribir halagos y agradecimientos, haciéndome recordar que debo dedicar el resto de mi vida a escribir. Es un poeta, me digo, uno tan noble que no logra retener las flores que brotan de sus labios, de su pluma, de su alma.

Voy a despedirme; sin embargo, listo por fin, suelto mis dos últimas preguntas:

-¿Qué es "Enamorándome de Marco"?

La declaración de amor escrita más larga que, probablemente, jamás hayas leído.

-¿Quien es Víctor?

El enamorado más persistente que, probablemente, jamás hayas conocido.



domingo, noviembre 01, 2009

Alma con arte (premio)


La generosidad de los escritores detrás de aquellos blog tan importantes como especiales, me tiene sonrojado, algo nervioso. Y es que hace unos minutos acabo de leer un premio otorgado por una mente encantadora, con una popularidad que genera admiración a los ojos de los simples mortales, con un talento narrativo capaz de transportarnos a lugares de ensueño, con una propuesta diferente, coherente y arrolladora.
Gracias
“EtErNo ReSpLaNdOr De UnA mEnTe DiVaGaNdO”


Ahora, para variar, las reglas (¿Quién inventa las reglas??):

1) ¿En qué animal reencarnaría?
No me gustaría reencarnarme. Es más ¿existe la reencarnación? Si fuera el caso, quisiera ser halcón.

2) No podría sobrevivir sin...
Coca-cola, música, libros, y mi fiel e inseparable celular

3) Lo que más aprecio de una persona...
Que piensen antes de hablar… Pero, ojo, de verdad que piensen.

4) Suelo vestir de color...
De ningún color: uso el uniforme de mi trabajo todos los días a la semana menos los martes. Consiste en camisa, pantalón y zapatos de vestir, y esas cosas…

5) Tres palabras que me definan:
Terco, autodestructivo, sexy (hey! Dijo tres palabras, no especificó que la respuesta sea verdadera. No es el premio a la honestidad, por dios)

6) Un lugar al que viajaría...
México, Barcelona (Barcelona, específicamente y no al resto de España), Paris.

7) Mi cita favorita:
Mi cita favorita no seria una cita sino una unión, una noche sin palabras, sin mentiras, sin luz.

8) Algo que quiero hacer:

Escribir, escribir, escribir…

9) De mayor quiero ser...

No tengo pensado vivir muchos años más… Aunque me gustaría que las personas lean mis historias y se pregunten: ¿de donde coño saca esas ideas este loco de mierda?

10) Mi mayor monosidad...
Me reservo el derecho a contestar esa pregunta… (Está bien escrito, Edith Nin querida)


Ahora debo entregarle a 14 blog separados en dos putas secciones: 7 blogs juventud y 7 blogs sabiduría.


Pero, cual rebelde sin causa, me da una flojera enorme pensar en los elegidos y separarlos por secciones. Qué sean ellos los que lo hagan en sus blog. Por mi parte, los lanzo al aire.

-Historias Ninisticas.
-Momentos de la vida.
-Kuoremio.
-Vivir del aire y nada más.
-Cuentos de princesas.
-Enamorándome de Marco (te debo miles, compañero).
-Sé equivocarme solo (por Jecego)
-VaneBlog
-Duendecilla-verde.
-Cuentos de princesas.
-Un día es un día.