sábado, mayo 28, 2011

El Ausente



Es un amigo que a pocos -por no decir nadie. Mamá siempre dice que exagerar se ve muy mal- le gustaría tener. Uno con quien puedes tomarte una cerveza sábados y domingos de doce de la tarde a seis, puesto que no tolera el licor si al menos no ve la luz del día. Es un amigo que sabe reír, llorar y gritar, pero que no ríe, llora o grita si no tiene un cigarro entre los dedos o una buen motivo para hacerlo. Es un amigo de curiosidades, digamos, subidas de tono. Aunque muy perezoso para cumplirselas. Es un amigo, no está demás repetirlo, como a pocos -o nadie- le gustaría tener.


Este amigo escribió hace casi dos meses un post peligroso, de esos que uno no sabe como van a reaccionar los que lo leen, al que se le escapa perro, pericote y gato. Lo hizo con pereza, para ver qué pasaba y sin detenerse a pensar los resultados que daría. Estaba muy distraido para reparar en consecuencias. Nunca le fue muy bien con la reflexión y el autoanalisis (http://ahoraqhago.blogspot.com/2011/03/se-busca-empleo.html). En fin. Ahora, algunas semanas después, pasó lo inevitable: consiguió trabajo. Mejor dicho, se lo consiguieron.


El amigo nunca supo como ser un buen amigo. Cuando lo quería intentar fracasaba. Sintió que escribiendo conseguiría la calidad de amistad que suelen tener sus atribulados personajes, que ganaría dinero con sus poemas y sus historias, que terminaría su novela para venderla a alguna editorial o presentarla en concursos o fotocopiar el manuscrito para regalarlo por internet y en los autobuses. Lo que fuera que sea necesario para nunca dejar de escribir. De esa manera seria feliz y por ende sus familiares mas cercanos. En cuanto al dinero, ¡bah!, como escribió Jaime Bayly en una reunión que tuvo con Alan Garcia -flamante presidente perucho-, la plata llega sola.


Empero, parece que ser el amigo que pocos o nadie quiere es peor de lo que imaginó pues le consiguieron trabajo para mantener sus gatos, ayudar a su mamá, sacar a pasear a su novia, invitarle un helado a sus hermanas, comprar cigarros, y a ver si logra algo con su vida que ya está muy viejo. Es por esto, entre algunas otra, que el peor de los amigos no encuentra tiempo para escribir, leer a sus afiebrados amigos bloggers, terminar su novela y ser feliz.


Veremos que le depara el futuro.


Cambio y fuera.

lunes, mayo 09, 2011

La historia de hoy


La historia de hoy no es una historia, es un recuerdo, una recreación de lo que alguna vez vi. No se parece en lo más mínimo a un homenaje, tampoco pretende romper esquemas y faltarle el respeto a aquellos artistas que entregan su vida para rescatar o resaltar belleza en imágenes. Solo es lo que recuerdo.

Imaginen un espacio en blanco, donde más allá de la nada sigue perpetuándose el vacio. Véanse ahí. Están solos. ¿Descubrirían, quizá, que la vida que han llevado hasta entonces no ha sido para nada malo o complicado o solitario comparado con ese mar infinito de soledad, de silencio? Yo si. Yo temblaría. De hecho, yo temblé. Sacudía mi cuerpo con la fiereza de quien se sabe perdido, de quien no tiene escapatoria, y que, por más que intentes sofocarte, no tienes la más mínima posibilidad de morir. No hay hambre, ni sed. No hay fotos o recuerdos. Lo que sabes es que tuviste algo, lloraste, y te lamentaste, pero ahora no tienes nada, ni siquiera lagrimas en los ojos o una excusa para maldecir puesto que de tu memoria se borró cómo y por qué llegaste hasta ahí. Así me sentí. Terrorífico, ¿verdad? Claro que si.

Veamos, seguimos en miedo de nada sin sentir, valga la redundancia, nada. De pronto, y esto no lo comprendes pero te aferras a él como un hijo a un padre cuando teme al monstruo detrás de ropero, el color blanco pierde su tonalidad cegadora y hasta parece que algo de luz pretende proyectar. En tu mente no existe recuerdo alguno de algo parecido a eso, pero algo muy al fondo en ti se detiene a sentir una ligera nostalgia, como si la luz fuera un recurso divino creado para beneficio y deleite de alguien o algo en particular. Como el blanco ya no lo es, se perdió como esencia, entre amarillo y gris explotan. ¡Cuidado!, agachen la cabeza que los colores no miden hacia donde se dirigen, simplemente explotan. ¡Dios!, una mancha amarilla acaba de rozar tu brazo. Desaparece en cuanto hace contacto con tu cuerpo. Piensas que tal vez no eres muy puro para asimilar los colores. De repente soy invisible, te dices tratando de consolarte. Si lo eres, nadie lo sabe. Pero lo que si es una certeza es que ahora los colores toman forma y llaman a más colores. ¡Mira eso!, amigo, amiga, ¿seria el cielo? ¿Qué es eso que se dibuja sobre tu cabeza? ¿Son nubes lo que vez? ¡Si!, lo son. Lo recuerdas. Por supuesto, algo así no se olvidaría nunca… ¿Quién podría olvidar algo tan maravilloso como el inmenso cielo y sus inseparables nubes?

-No veas hacia abajo, amigo, amiga. No te lo aconsejo. No lo hagas. ¡NO!
Nuestros temores son realidad: estamos volando. O no, estamos cayendo. Agárrense. ¿Pero de qué? No lo sé. ¡Wow! el frio viento sacude nuestras melenas al descender, y las manos hacia el cielo para que por favor nos recoja, no nos abandone. Caemos y caemos y parece que no hay fondo pero eso no es lo peor sino que acabamos de recordar el temor, la sensación de perdida, el sabernos prontos a la muerte. Y la muerte va a llegar pero aun no porque ya no estás cayendo. La caída te dolió pero estas vivo y eso es lo que cuenta. ¿Qué? ¿No me entendiste? ¿Cree usted que lo pueda repetir? Estás vivo. Cierto. Estamos vivos. Mientras haya vida hay esperanza y mientras más dura sea la caída seguiré viviendo.

La imagen no termina ahí. El suelo es rígido. Son rocas. Las rocas están cubiertas por una gruesa capa de polvo blanco. ¿Es nieve? Uhmm… Si no lo es no se me ocurre que podría ser. El suelo, de súbito, baila a nuestros pies. Ya estás listo para lo que venga. Yo, claro, no lo estaba. Pero ustedes no son yo y yo no soy ustedes y eso es muy bueno, saben, no les gustaría ser yo. Eso no viene al caso. Lo que si es que ahora la roca se sacude con más intensidad y ¡Dios mío!, no elevamos. Regresamos al cielo pero no volamos sino la piedra está creciendo y con ella otras piedras a menor altura y otras a mayor. Ya no es plano sino escalonado. Dejó su uniformidad y hasta los colores se mezclaron formando una media tarde de primavera. Pero tienes frio porque lo acabas de recordar. Decides no seguir parado y corres. Corre rápido, eso si, ya que detrás de ti viene una rueda gigante que pretende aplastarte. No sabes cómo se formó, de donde vino, si tú no hiciste nada. Pero te toca enfrentarla. Ella más rápida. No puedes. Te va a alcanzar. Tírate a un lado. No la enfrentes. Te dices que no, que tu puedes. Sigues corriendo, esquivando baches, levantándote rápidamente cuando te caes, a los arboles que de pronto crecen en tu camino. No vez cuan hermoso es. No piensas si te puedes trepar en uno de ellos para escapar. Te crees autosuficiente. Luchas. No pides ayuda. Sobreviviste una vez por qué pedirías ayuda ahora. Ni hablar. Sin embargo, tu vanidad es tu perdición. La bola te golpea, te arrastra con ella. Cuantas vueltas das, eh. Una y otra y otra vez y miras esporádicamente como de los arboles crecen flores y de las flores colores y de los colores formas, las mismas que vuelvan hacia el cielo. Del suelo se abren algunas grietas, de ella brota agua. Sigues rodando. Del suelo salen animales, quienes te miran recelosos pues aplastas su mundo con esa bola gigante que llevas contigo.


Sin saber cómo ni por qué, la bola se detiene. Miras con cuidado: la rama de un árbol acaba de detenerla. Le agradeces y te vas. A unos metros una cabaña. Te acercas. Recuerdas el hambre, la necesidad de calentarte. Recuerdas que hay quienes se preocuparon por ti. Ya no quieres estar sola. Lloras. Lloras odiando la soledad que deseaste, comprobando que no puedes hacerlo todo solo. Entonces, corres. Entras en la cabaña: tres personas comen rodeando una mesa, en ella distintas formas se exhiben, sabes que deben ser muy apetitosas. Las personas te miran. La mujer se pone de pie, te da un beso en la mejilla y, con ternura, te dice: te esperábamos para comer.

Eso fue lo que vi. Bueno, más o menos.

sábado, abril 23, 2011

Mundo Surreal





Mis amigos más cercanos conocen muy bien mi fanatismo por el cine y la música. Saben que tengo una colección personal de distintos géneros cinematográficos y musicales. Aunque, claro, como buen melómano que se respeta, tengo mis favoritos. En orden colocaría al Rock –en cualquier rama: punk, hardcore, alternativo…-, Reggae y, por último, Pop. En el caso del celuloide las de acción se ubicarían en la cima de mis preferencias. Cabe mencionar que existe discrepancia entre algunos cinéfilos que señalan que el género de acción es uno solo y es estúpido meterlos en el mismo saco con las entregas de corte Épico o Western. Dicho esto, una película en especial superó mis expectativas alcanzando un alto nivel en ambas ambiciones, por llamarlo de alguna manera. Estoy hablando de la recientemente estrenada 'Sucker Punch: mundo surreal'.

No solo por la genialidad de sus realizadores, comandados por Zack Snyder, quien antes nos había traído '300' y, para mi criterio el mejor film de superhéroes, 'Watchmen', sino por el impecable trabajo visual que nos entregan, llevándonos a un mundo, efectivamente, surreal donde la imaginación y la lucha constante en pos de la libertad juegan un papel transcendental. Sucker Punch nos conduce a no solo una sino dos y tres realidades paralelas que confabulan en conjunto para realizar la soñada tarea de cumplir con las ambiciones. Entonces vemos a una Emily
Browning –con el papel de la protagonista Baby Doll- luchando contra dragones, orcos, soldados zombies y demás criaturas fantásticas en ese tercer mundo que obliga a cobrar vida para sobrevivir a su segunda realidad: un prostíbulo en que es obligada a participar como bailarina. Sin embargo, como ya lo había señalado, es el segundo y tercer mundo creado por la mente de Baby Doll, apodada así al introducirse en aquellas realidades, como escape alterno a la primera realidad: ella en un manicomio. Luchando, por lo tanto, con tres mundos coexistiendo nuestra heroína encuentra la única manera de sobrevivir al caos: nunca rindiéndose.

En Sucker Punch vemos rostros conocidos y actuaciones que aprueban por encima de las expectativas. Pero es, para mi criterio, la intervención de Vanessa Hudgens la gran sorpresa del film. En su papel logra desprenderse por completo de la tierna y dulce Gabriella Montez del film de Disney ‘High School Musical’ para abrirle campo a la sensual y aguerrida Blondie. La vemos no solo repartiendo golpes, sablazos y matando con armas de última generación al buen estilo de Milla Jovovich y su eterna Alice de ‘Resident Evil’ a diestra y siniestra, sino también ese crecimiento actoral que sus fans –ahora ya no menores- han estado esperando. Vanessa, sin duda alguna, dejó a la adolescente para ser la atractiva mujer en la que se ha convertido.




(Gabriella Montez)

(Blondie)



Mención aparte merecen las inseparables compañeras de Baby Doll y Blondie, Sweet Pea – Abbie Cornish-, Rocket– Jena Malone – y Amber– Jaime Chung -, por el importante papel que juegan a lo largo de la entrega y esas escenas de acción y drama en las que sus personajes logran toda nuestra atención.

Así como la trama y la propuesta visual que ofrece la película es espectacular, la música ocupa un cargo igual de importante. Es más, Baby Doll consigue transportarse a ese tercer mundo de guerra y libertad gracias a la influencia de la música por lo que separarla de la aventura, el drama y la pasión que desarrolla sería imposible. Todos cumplen su función. Covers de The Beatles, Roxy Music, Eurythmics, y otros artistas y temas un tanto olvidados, son adaptados a diversos estilos para lograr encajarlos conforme exija la escena.





‘Sucker Punch: Mundo Surreal’, una película imperdible, que asegura a la salida de la sala del cine el corazón latiendo a mil por hora. No se arrepentirán.

sábado, abril 16, 2011

Premio Beso de Oro

Mamá, desde pequeño, me convenció, con argumentos irrefutables, que bello soy pero que el pelo largo me hace ver la cabeza un poco más grande. Esta seguridad fue certificada por dos o tres chicas con las que salí cuando tuve edad para ir solo al cine. Mamá no estaba equivocada, después de todo. Resulta que quien se siente -y se sabe- bonito, va por la vida con una luz más radiante que quienes se sienten -y se saben- menos agraciados, menos bonitos, o sea. Ergo, iba a la escuela con la seguridad que me levantaría a cualquier niña que quisiera, a la profesora si se me antojaba, que el dilema de la edad solo seria un problema menor, una mentira de los envidiosos. Entonces las cosas en verdad se ponían fáciles. No fue hasta que cumplí dieciséis años cuando una compañera del Carmelitas, Valeria, quien, dicho sea de paso, despertaba en mí una curiosidad animal, quizá su perfume o eso que hacia con la boca con el pico de la botella cuando tomaba coca-cola, razonó: tu cabeza no concuerda con tu cuerpo. Desde entonces aprendí: "La belleza se lleva por dentro". Valeria me enseñó mucho esa mañana. Lastima, joder, cómo dolió. Gracias Madame Milagros por el premio. Aquí mi frase: "Solo consigo entender las cosas fáciles luego de que me enredo con las complicadas.", Jean Ure.