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martes, noviembre 02, 2010

eFeCtOs SeCuNdArIoS: eL IdIoTa


Nota: Una buena, mediana o mala lectura suele ser bien digerida acompañada con una buena canción. La anterior, busca cumplir con ese objetivo. Abrazos y más.


eFeCtOs SeCuNdArIoS, reza el título que ella termina de leer. Paola me dejó una gran lección, dice. Cuál, pregunta él, asustado. Las apariencias engañan. Él no contesta, prefiere contemplar su rostro, besar sus labios y su frente y hacer de cuenta que algo bueno aprendieron esa noche. De todas formas, piensa, un día sin aprender es un día desperdiciado aunque la enseñanza venga desde ese lado y de un cuentito sin sentido.


Cierran la web, apagan el ordenador, las manos de entrelazan mientras los cuerpos tiemblan ante la certeza de estar cerca del otro. Ella le dice que lo ama. Piensa él: yo también. Y tú, me amas, pregunta ella. Si, amor, te amo aunque a veces esté tan enojado para recordartelo o tu insistas en no creerme. Juega con su pelo, acomoda un mechón detrás de su oreja, la besa una y otra vez. Ella dice: necesito escucharlo de vez en cuando. ¿De vez en cuando?, arquea una ceja él, sintiéndose ofendido por esa mujer que no para de besarlo. Quiere recriminarle, decirle que está equivocada, que busque en su memoria, que sus palabras no solo son mentiras sino también ofensivas, que él, aunque agotado por tanto trabajo e impotente ante tantos problemas, trata de demostrarle de todas las maneras posibles que nunca dejó de amarla y que por más dificultades que se presenten ese sentimiento no va a cambiar. Sin embargo, calla, no habla y ya no besa y ya no le dice que la ama y ya no juega con su cabello y solo piensa mientras ella vuelve a buscar sus labios teniendo como resultado una caricia, un susurro de lo que fue hace unos instantes. No lo entiendes, dice él. Qué debo entender, pregunta ella, que ya no me amas, que estás otra. Ella esconde una lágrima. No lo entiende, piensa él. Piensa: no entiende lo que es ser hombre, lo difícil que es sobrellevar tantos problemas; no todo es besos y abrazos, caray.


Enojada y decepcionada ella sale de la habitación escuchando detrás a aquel hombre que pretende adornar su cama, su casa y su vida como le reclama su actitud infantil, sus ganas de arruinar los buenos momentos, su plena disposición para la autodestrucción y la peliculina. Eso es lo que eres, carajo, una peliculera. No eres el hombre del que me enamoré. Y tu no eres la mujer de mi sueños; todo está cagado, coño. Entonces ella baja las escaleras, se sienta al lado de su abuela, quien mira una telenovela de algún canal mexicano; esto ella no lo sabe pues no mira la televisión ni escucha a su abuela hablarle ni le presta atención a su perrita. Ya nadie existe, se dice mientras ahoga un sollozo.

La convivencia mató el amor, el respeto y la pasión. Piensa él: ya ni siquiera dejamos de insultarnos. Peleamos de todo y por todo. Ella no entiende cuan complicado es llevar todo este peso encima, cuan difícil es sobrevivir ante tantos problemas: las cuentas a fin de mes, las deudas, las tres comidas diarias, las largas horas de un trabajo mal remunerado, la impotencia ante la mediocridad en la que siente se está quedando sin quererlo, los dolores de cabeza y de estomago, la poca atención a sus metas personales y a volver a sentirse joven de nuevo, vivo, lleno de energías. Ella solo sabe llorar. Ella solo piensa en cariño y cariño y no me ayuda y no me deja avanzar y no entiende cuan complicado es y no piensa que debemos luchar y que debe ser paciente porque todo lleva un esfuerzo, un tiempo. Ella no sabe o no quiere saber o simplemente prefiere hacer de cuentas que el hombre es el encargado de solucionar todos los problemas cuando yo creo que una pareja sale adelante ante el esfuerzo conjunto.

Quiere llorar, pero no puede: olvidó cómo, expulsó de su memoria el sabor de las lágrimas, se volvió rudo, fuerte e impaciente, el que todo lo quiere perfecto, el que se dice superior por saber solucionar cuando no ha solucionado nada, cuando sigue sumergido en la pusilánime idea del todo lo puedo y nada hago. Quiere escribir y no puede. Quiere leer y olvidó cómo. Quiere gritar pero no puede: no es su casa. Quiere ser fuerte y se siente débil. Quiere golpear pero teme al dolor. Quiere y no puede y se enoja y se echa en la cama y mira el techo y se golpea la cabeza y ya nada es como antes, piensa, y nada fue lo que pensé, maldita sea, y todo el mundo tenía razón cuando aseguraron cuan difícil es vivir con alguien y cuan complicado el primer año y el segundo y la san puta madre. Donde está el amor, a donde se fue. Pero...

De pronto, se siente idiota. Siente que perdió el tiempo enojado, que esto lo lleva a empeorar y nunca a lo contrario. Soy un idiota, se dice.

Corre las escaleras: donde está, señora, pregunta a la anciana que mira atenta la televisión. En el baño... No espera que termine de hablar, corre al baño y, sin tocar la puerta, abre la cerradura con una llave que guarda siempre en el bolsillo del pantalón.!Ay!, está ocupa... Soy yo, lo siento. No la ve, una puerta de vidrio los separa. Qué quieres, pregunta ella. Verte. Me estoy bañando, vete. No, dice él. Vete, repite ella. Se vuelve a negar. Quiero hablar contigo. Se acerca a la puerta, la abre: ella tiene un jabón en las manos, mira el piso y parece haber llorado. Él ve su cuerpo, aquellas curvas que ya no son más de adolescente, como suele recordarlas, sino maduras, de una mujer que vive y duerme con alguien y que su anatomía olvidó ya la timidez de ser descubierta. No llores, le dice, te amo y lo sabes. Es todo lo que te pido, dice ella. Lo siento, le pide él. Entonces, se quita la ropa, entra con ella, la abraza, la besa y, en ese efímero momento, la hace suya mientras una lágrima recorre lentamente su mejilla recobrándolo a la vida, recordando el sabor del amor, haciendolo sentir idiota de nuevo.

sábado, octubre 23, 2010

Quiero ser un Beatles



Ojó: para hacer más amena y real su lectura, el autor -o sea, yo- recomienda -encarecidamente- escuchen y vean el video clip.


"La única nostalgia común entre un padre y un hijo son las canciones de los Beatles" - Gabriel García Márquez.



Es mediados de setiembre, tengo doce años. Papá trae a casa un CD con recopilaciones de grandes músicos de los años sesenta, setenta y ochenta. Lo compré a buen precio, me dice. Camina al equipo de sonido, coloca el disco y espera unos segundos a que lea el contenido. Yo miro a papá. Siempre me pareció un hombre interesante con cosas raras para contarme de su juventud en Miraflores, de sus bailes con mamá en discos en el Centro de Lima y los festivales de salsa que presentaban en el Callao. Mientras pienso en todo esto la música se muestra.


-Quienes son- pregunto, recordando la melodía de una película que mamá ve cada vez que puede: Grease, creo que se llama, o Vaselina. Los Bee Gees, contesta papá. Me callo tratando de encontrarle sentido. Es muy antiguo, digo por fin.


Aburrido doy media vuelta. Espera, dice papá. Vuelvo el cuerpo arqueando una ceja. Esto te va a gustar. Please please me de los Beatles, agrega.


Papá no está equivocado. Lo que al principio me parece un tema incomprensible termina por sonar tan bien que le pedo me cuente más de ellos. Entonces escucho por vez primera acerca de los cuatro de Liverpool.






Mientras escribo este post escucho mi canción favorita -In my life-, recordando que mi primera intención antes de redactar fue realizar un homenaje periodístico a la banda que tantos buenos recuerdos y anécdotas le dio a papá y a millones de personas, quienes, por azar o por justicia, disfrutan aun ahora de aquellas canciones al lado de sus hijos o nietos o ambos. Sin embargo, mucho se ha dicho y escrito ya de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr -como grupo y como solistas-. Sus nombres son marcas registradas y cada día leemos más y más cosas sobre ellos: desde su separación, la muerte de John, la influencia que tuvo en él Yoko Ono, las recopilaciones de sus mejores canciones, su vídeo juego. Tanto que a veces se olvida cuanto amaron ellos la música y cuanto divirtieron a nuestros padres y abuelos. Tanto que uno más, en condición tan humilde, no podría decir nada nuevo, nada que no se sepa, nada que no se haya leído o escuchado.


Entonces este post termina por ser una voz al cielo por los que se fueron, por lo que representaron en su tiempo y por lo que aun representan. Un agradecimiento por tener la buena idea de haber hecho lo que les gustaba, de no tener miedo o de vencerlo si era necesario. Un agradecimiento por hacerme desear haber nacido en sus épocas para verlos en el Carven Club. Por Yesterday -misma que unió a mamá y papá, allá por los años ochenta-, por Love me do, por All my loving, por She love you, por Rock&Roll music, por Twist and Shout y por las muchas otras.


Disculpen la nostalgia y las pasiones, nunca les mencioné que sería fácil leerme... Solo que mientras pensaba qué escribir se me ocurrió qué hubiera pasado si fuera uno de los Beatles.



lunes, octubre 18, 2010

Campaña de fidelización

"En los blogs se escribe más pero peor" -José Saramago, Nobel de literatura.

Vamos de a pocos. Cuando decidí crear un blog, hace poco menos o poco más de dos años, lo hice con la finalidad de escribir lo que se me viniera en gana. No importaba si le dolía a alguien mis comentarios o si las historias eran subidas de tono o si muy largas o si muy cortas -en realidad, mis primeros post son larguisimos, de lectura lenta, una pequeña novela o un cuento largo- y los colgaba esporádicamente. Empezaba entonces la aventura en un pequeño cuaderno rojo -que aun conservo, a pesar que una tarde de locura lo quise desaparecer por considerar su contenido malisimo, impresentable- y luego invertía mucho tiempo transcribiéndola y corrigiendo algunos posibles errores.

Con el tiempo descubrí que habían muchos más escritores en el mundo del blog que lectores. Blog que en realidad merecían mi admiración y envidia asesina por lo visual y estéticamente impecable de su autor o autora. Otros con una presentación austera pero con la calidad narrativa de un escritor con experiencia. Otros sin sentido. Otros con sentido. Otros con temáticas y otros sin nada que decir pero muchos ánimos para escribir -en esa lista creo que entra el mío-. Descubrí que no solo basta escribir para que te quieran o simplemente te lean: era necesario decir presente, aquí ando, ven y leeme por el amor de Dios. Más allá si tienes algo bueno o no para decir o si tienes la habilidad para hacerlo o si solo esperas conocer personas por este medio, todos pensamos que no está mal escribir, carajo. El escritor, al final, no escribe pensando en las personas que lo van a leer sino en lo que le pueda decir su conciencia si no termina lo que empezó. El escritor escribe para si mismo. Y el blogger escribe porque le encuentra un cierto interés a su vida o a sus historias o a sus poemas, y lee otros blogs para que lo lean a él o porque le gustó lo que vieron sus ojos y lo que leyó de ese cabrón -o cabrona-. El blogger lee para aprender, para copiarse de los blog más famosos, para sentirse reconocido, para saberse importante, para calmar esas ansias de escribir algo, de gritar algo.


Por todo esto y más decidí no desistir en mi aventura. Preferí escribir mi novelita unas horas por las noches y ver que entrada publico la tarde siguiente. Preferí ser un narrador afiebrado, que no teme ser señalado por sus historias subidas de tono, por sus opiniones fuera de lugar, por sus vicios y ambiciones, por sus temores y debilidades, por sus pasiones, por sus cojones, coño. Y seguí en la aventura. Hice entrevistas, enloquecí en el camino, mostré mis pecados -prestando mi voz en ocasiones-; busqué y leí y lloré y renegué y me pregunté una y mil veces si vale o no la pena.

Hoy sé que la vale.


Y como sé que la vale creé la 'campaña de fidelización', donde hago un llamado público a todas aquellas personas que algunas vez fueron conspiradores de este blog, donde en distintas ocasiones me mostraron su apoyo pero que en el transcurso de los meses decidieron no escribir en sus blogs o no hacerse presentes en este espacio interrogativo. También, claro está, para aquellos que llegaron con el tiempo y que se quedaron por quien sabe qué motivos y que hasta el momento no me han dejado ir. Se los agradezco, coño.


Entonces, en el transcurso de cuatro entradas utilizaré distintas maneras de publicar. Las historias serán libres. Emplearé todo mi potencial. En la entrada número cuatro explico la situación.


Por hoy pruebo este método y les dejo esta pregunta: ¿qué hace a un blog exitoso?... ¿Sabemos la respuesta?....