viernes, mayo 14, 2010

Epifania

Se escondía detrás del árbol más grande, cuando aquella noche sin estrellas golpeaba con furia la conciencia del escritor. Se escondía entre las sombras, acariciando la nostalgia. Y lloraba en silencio el tiempo perdido en lamentos y frustraciones. Se escondía estando enamorado. Se escondía porque era un cobarde.

Cansado ya de esconderse y sollozar, desprende sus brazos del fuerte leño para buscar desesperado la salida de aquel bosque. No comprende que quizá sea demasiado tarde. No piensa
y solo corre.

Corre el escritor sendero abajo, yendo contracorriente y esquivando las rocas y los animales que en su camino se atraviesan. Corre sin llorar ni gritar. Corre a la vida -a una distinta a la que conocía-, sintiéndose derrotado, sin darse cuenta le había ganado la partida al infierno.

El sendero se bifurca a varios metros de distancia. "¿Cual es el camino correcto?". Derecha o izquierda... Izquierda o derecha... ¿Qué destino seguir si se acostumbró a permanecer oculto tras las sombras del gran árbol?, No debía pensar, no debía detenerse a averiguar cuál sería la elección correcta. Había vivido siempre sospechando que lo lógico y razonable era refugiarse en un solo lugar, escribiendo mañana, tarde y noche, sin siquiera importarle lo que el mundo le ofrecía. Por ello, el escritor no se detendría a meditar un buen destino: solo correría y que la muerte se haga con él antes que la noche termine por consumir el resto de sus energías.



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