lunes, septiembre 08, 2008

Yo, normal.

Ajá; yo normal, le dije a una amiga muy querida cuando me persuadió a escribir algunas cosas de mi vida. Así que constantemente voy a estar publicando algunas experiencias que tuve a lo largo -o corto- de mi existencia, burlándome descaradamente de mí y de los que me acompañaron en esa aventura.


Odette, regálame un beso
Se compadeció de mí regalándome una sonrisa. No pasa nada, flaquito. Quise salvar mi honor explicándole que no me encontraba en un buen momento. Había tenido un día duro en la escuela, a penas y probé bocado, era por eso que tuve una exhibición lamentable en las clases de clown. Igor, mi profesor de teatro, amigo y a veces hermano mayor, acepto mis disculpas invitándome a tomar asiento para observar a los demás. Mascullé un par de disculpas procurando siempre verme relajado. No era así. Por mi cabeza rondaba el recuero de horas atrás. Me vi sentado en la carpeta, en el salón treinta y cinco de tercer año de secundaria, jugando con el lapicero mientras mis compañeros departían silenciosamente, tratando de no ser oídos por el auxiliar. Ojala que no venga la piernas de futbolista, me dijo Jean Marco, haciendo referencia a la miss de literatura y sus bien formadas y musculosas piernas, apoyando sus brazos en el espaldar de su carpeta para poder estar cómodo al hablar conmigo. Me da igual, dije, de todas formas nunca le prestamos atención. Soltamos una pequeña carcajada. Trate de no hacer caso a los otros alumnos así lograr concentrarme en la pregunta que moría de ganas de formular. Al fin encontré el valor que requería y dije: crees que Odette me acepte como su enamorado? Mi amigo no pareció asombrado, o al menos inquieto por el repentino cambio de conversación, para mi sorpresa se mostraba tranquilo, como si hubiera tenido la certeza que tarde o temprano se lo preguntaría.
- Si te ha hecho esperar una semana prometiéndote una respuesta positiva es porque algo bueno será – me animó – aunque sea te la irás a chapar.
- Qué piensas que diga Jeremy si se entera. Es su hermana y quizá…
- Deja de pensar en esas cosas.
Ambos miramos por unos segundos la figura de un muchacho flaco, muy flaco, casi enclenque, con el cabello corto y no tan alto, con pocos atributos físicos pero que sin embargo era capaz de hacernos reír hasta que nos duela la boca del estomago, u orinar, como le paso una vez a una chica.
Si no te acepta como cuñado, fácil y le puedes pegar, me dijo Jean Marco. No nada de eso, además ni siquiera estoy con Odette para estar hablando como gran pendejo. Mi amigo me convenció a no andar con pesimismo alegando que nacimos el uno para el otro, fantaseando una boda , luna de miel, inclusive el nombre de nuestros hijos. Pero eso si, agregó, primero tienes que decirme si termino con ese tal Jonathan o Pancracio o Pánfilo o como se llame ese enamorado suyo que tiene. Mierda, pensé, Odette nunca me confirmó si había terminado con él. Si, mentí, si no por qué me diría todas esas cosas de que le gusto mucho, ella es mi princesa y yo su príncipe y todo eso. Ah carajo!, se sorprendió, nunca me dijiste. Bueno, seguro se me paso. Trate de convencerlo, y de paso convencerme, no había ningún problema, de todas formas mañana a primera hora le estaría contando cuantas veces la besé. Y sin olvidar los detalles lujuriosos, agregué.
- Estás loco – Replicó – te voy a acompañar. Le voy a caer a su amiguita.
Asentí, recordando que desde un principio ese seria el plan: llegaríamos hasta la esquina de su casa, cuidando que su hermano no nos vea, esperaríamos unos minutos la salida de su colegio, por una casualidad de la vida queda a tan solo dos cuadras, Odette nos daría el alcance con su amiga. Luego a caminar un rato o a algún parque de la zona, y con un poco de suerte terminaríamos en parejas.
Pasamos esas dos horas sin profesor. Me alegra que no halla venido la piernas de futbolista, dijo Jean Marco. Lo siguiente a esas dos bellas, entretenidas, relajantes horas fueron tres de algebra y dos de física, maldita sea. Pero como dice el cantante, todo tiene su final, llego el momento de salir de esa prisión a la que muchos llaman escuela. Esperé a mi amigo en la puerta del baño para hombres, ya que posee la absurda manía de mojarse el cabello a la hora de salida, sin importarle que sea invierno. Repasaba mentalmente las palabras que diría. Cuando Jean Marco salió, me sentía preparado.
Salimos del colegio y caminamos hasta la esquina de la avenida Bolognesi, seguimos unas cinco cuadras hasta llegar a Mariátegui y esperamos.
Trato de hacer memoria y recordar lo conversado en aquel momento, solo que en su lugar me llega a la mente lo mucho en que pensé que me gustaba Odette. Adoraba a esa mujer. En aquel entonces yo rozaba los quince años, mientras ella apenas los trece. La había conocido en una tarea grupal que tuve con su hermano. Con unos cuantos chicos del salón fuimos a su casa. Odette llego de su colegio y al ver a los compañeros de su hermano invadiendo su sala, nos dedicó una sonrisa. Llevaba puesto el buzo azul con dos rayas blancas a los costados de la pierna, de su colegio, Inmaculado High School, intercambiamos miradas un par de segundos luego corrió con su mochila de Pucca a su cuarto. Fantaseé varios días con sus ojos marrones. Me vi acariciando su cabello castaño, tocándole los labios, entregándome desenfrenadamente a la pasión. Iba a casa de Jeremy con cualquier pretexto solo para conversar con su hermana. Por instantes me sentía el peor de los traidores por hacerle eso a mi amigo, sin embargo Odette consolaba mi pesar con sonrisas e indirectas amorosas. No me importó su confesión cuando me dijo que tenia enamorado, aun así me atreví a pedirle su correo electrónico. Pasábamos largas horas charlando por internet de ningún tema en especial, creo que lo más valioso era sentirla mía en esos instantes. Tener la seguridad de importarle. Amaba esa tierna sonrisa que lucia en las conversaciones por web Cam. Siempre tan atenta, tan sincera. Fue eso lo que me impulso a declararme. Confesarle mi amor se había vuelto una prioridad en mi vida.
Una tarde, fui con Jean Marco a buscarla hasta su casa. Toque el timbre, con miedo a que me recibiera su hermano, para mi buena suerte Odette abrió la puerta. Hablamos por unos minutos, pues su amiga de colegio, cansada de esperar en su sala, salió a espiar. Le pedí a Odette que me diera unos minutos para hablarle en privado, mientras tanto Jean Marco conversaba de lo mas entretenido con su amiga. Cuando por fin estuvimos solo, le confesé la verdadera razón de mi visita. Me declare improvisando un discurso de amor eterno, prometiéndole fidelidad, jamás la dejaría a un lado y podía tener la seguridad que la respetaría.
- No puedo – me dijo.
- Por qué no?- inquirí
- Sigo con Jonathan.
Baje la mirada, buscando palabras de ayuda. No podía ofrecerme a ser su amante, tampoco tenia la cara de pedirle que terminara con él. Estaba perdido.
- Pero ven la próxima semana y tal vez la respuesta sea otra.
Una llama de esperanza se prendió dentro de mí. Asentí con la cabeza, luego mi interlocutora me pidió que me marchara porque en cualquier momento podría llegar su enamorado.
Pase la semana más larga de mi vida. Medí cada posibilidad con mucho realismo. No me podía permitir soñar ya que eso me costaría caro al escuchar su respuesta. En el fondo siempre lo supe.
Un chillido, muy parecido al sonido del silbato, me despertó de mi ensimismamiento. Vi a Jean Marco hablarme de algo, sin embargo no lograba entender que era. Mis sentidos ahora estaban concentrados en reconocerla entre todos esos adolescentes que pululaban hacia distintos lugares, hablando en voz alta, o riéndose de cualquier cosa. Odette se aproximó a nosotros, cuando mi amigo le alzó el brazo mostrándole el camino correcto. Venia sola.
- Hola – Nos saludó dándonos un beso en la mejilla a cada uno. Quise acariciar mi mejilla recién besada, solo que me vi obligado a guardar las apariencias.
- ¿Dónde está tu amiga? – inquirió Jean Marco.
- Sorry… no pudo venir. Se fue temprano porque se sentía mal.
- Que pena – dije
- Bueno… entonces no tengo nada que hacer acá – dijo Jean Marco
- No, quédate. Yo me voy en un momento.
- ¿Qué? – no podía creerlo. Odette nos conto que tenia problemas y debía de irse rápido. Le pedí a Jean Marco que me esperara en la esquina. Necesitamos hablar un rato, si? Mi amigo aceptó.
- Que paso con lo que hablamos – comencé, cuando vi a mi amigo lo suficientemente lejos.
- Lo siento, sigo con mi enamorado.
- Pero…yo pensé
- No te hubieras hecho muchas ilusiones. Jonathan y yo llevamos mucho tiempo. Pero quiero ser tu amiga, si quieres puedo ser tu mejor amiga.
Forjé una sonrisa. Sin una palabra más me fui. Si en ese momento hubiera sabido que no la volvería a ver, seguro habría aceptado ser su mejor amigo. Al finalizar el año, Odette y su familia viajaron a Trujillo, y lo que al principio pareció ser un viaje de vacaciones, terminó siendo una mudanza definitiva. No volví a saber de ella. Quizá en estos momentos está enamorada, alimentando una relación duradera. Seguro se casara y entra hijos. Eso que importa ahora.
Mi tarde termino en la casa de mi amigo. El pobre farfullaba palabras de consuelo, que terminaban siendo incoherentes o no tan bondadosas, escuchando música en su cuarto e imaginando la muerte de Jonathan. Odette correría a mis brazos, me pediría perdón y seriamos felices para siempre. Como extraño esas épocas.
Cuando llegue a mi casa no me alcanzaba el tiempo para nada, ni siquiera para cenar. Busque mis cosas y corrí a la clase de clown.
De regreso en mi casa, devore lo primero que encontré en la olla y luego me fui a dormir pensado que mañana seria un día diferente. Por lo pronto debía estar tranquilo pues nos toca educación física. Tal vez le pediría a Carmen, una muy buena amiga del salón, que me ayude con aquella linda niña de primero que conocí ayer y me gusta muchísimo.




El día en el que dije que no diría nada

Era otro día caluroso de verano. El sol había salido con más intensidad en aquella ocasión, hasta el grado de convertir todo mi cuerpo en una regadera humana. Recuerdo que ese martes salí a buscar a mi prima para que a su vez llame a su amiga Leslie.
- Esta bien- aceptó - podemos ir a jugar básquet – al pronunciar “básquet” , Clara, mi prima, dibujó unas comillas con sus dedos en el aire – por qué no llamas a Manuel – sugirió.
Luego de asentir con la cabeza, corrí a buscar a mi amigo (uno muy bueno en ese entonces). Cuando él por fin hubo aceptado (después de haberle rogado mil veces para que viniera con nosotros) regresé a mi casa. Así pues, me bañé, cambié de ropa, y bajé de nuevo para buscarlos.
- Clara ya llamó a Leslie - me comunicó Manuel cuando apenas salía de mi casa.
- Si, ahorita viene – confirmó mi prima. Clara siempre tuvo una voz media chillona y a pesar de ser simpática y hasta linda no podía superar a Leslie. A los lejos la silueta de una chica se aproximaba a nosotros: era Leslie, caminando solo como ella era capaz de hacerlo. Guau!, pensé. La miraba maravillado, sintiendo un impulso descontrolado por acariciar su cabello, oler su perfume; tenerla junto a mí era lo único que necesitaba para refrescar este día tan caluroso. Ahora estaba a solo unos pasos. Vi sus ojos café, su tez blanca, su pelo castaño y lacio. Me enamore de sus caderas y su figura curvilínea. Era perfecta para mí.
- Hola Clara- esa voz tan dulce. Intente no soñar con su aroma, sin embargo, para ese entonces parecía una misión imposible – hola Manuel. ¿Cómo estas? Alex - ¿Cómo estas Alex?, soñando con tu cuerpo, deseando tu perfume, admirando tus ojos…
- Bien - ¿bien? Solo bien?, vaya! Que expresivo suelo ser. Leslie me dedico una tierna sonrisa. A continuación inclinó su cuerpo para hablar con Clara, desde luego que yo hice lo mismo con Manuel.
Después de un largo rato de conversar, cada quien por su cuenta, decidimos ir a “jugar básquet” ¿Por qué Clara seguía dibujando comillas en el aire? resolvimos ir a una canchita no muy lejos de ahí. Hicimos lo de siempre: pasamos por los mismos parques, las mismas casas y las mismas calles. Mientras seguíamos el camino, Clara se aproxima a mí (dejando a Leslie con Manuel hablando delante de nosotros).
- Le piensas decir? – preguntó
- Qué cosa? - inquirí
- Que te gusta pues tonto – me dice con una cierta picardía en su rostro.
- No lo se
- Dile!, yo sé que no te va a decir que no- dicho esto, se adelanta y jala a Manuel del brazo hacia otro lugar. ¿que significaba ese juego de palabras? Acaso Leslie le dijo algo? Le gustare de verdad? Me acerco a mi amiga. Yo llevaba la pelota en las manos, al ver eso Leslie me la saca y empieza a desafiarme: a que no me la quitas ¿pero quien piensa en jugar en ese entonces? Yo quería besarla no perseguirla cual si fuera un loco. Por fin acepto su reto, voy a por ella. Después de algunos minutos de: yo tengo la pelota; no! Yo la tengo; ahora yo! Optamos por buscar a mi prima y Manuel.
Fuimos hasta un parque para asegurarnos de que no estuvieran ahí. En efecto, no había señales de ni uno de los dos. Exhaustos buscamos un escaño.
- Leslie…- empecé. Pero el momento se vio interrumpido por la presencia de su ex enamorado, que aunque no se acercó fue de mucha molestia. Me sentía atrapado en una telenovela mexicana.
- Qué? – me preguntó
- Yo… quiero hablar contigo.
- Conmigo? sobre?
- Si, quiero preguntarte algo y es muy serio – sentí que mis mejillas se ruborizaban, mis pelos erizaban y que me acechaba una plaga de pulgas por todo mi cuerpo produciéndome un escozor crónico. Leslie sabía lo que le diría pues se puso un poco nerviosa y algo colorada, que dicho sea de paso, la ponían de un color perfecto.
- Dímelo así- me dijo, mirando al cielo – que es?
- Tu… - era hora de la verdad y no tenia la intención de irme sin probar sus labios - a ti… - había ensayado tantas veces ese momento y ya era todo un experto. Nada podía salir mal – a ti… a ti aun te gusta Manolo? - ¿Qué? ¿a ti aun te gusta Manolo? ¿Cómo podía ser tan idiota?
- Ah!, era eso- me miró fijamente , contandome que ya no siente nada por él porque es un mal hombre, un descarado y muchas cosas más.
El día en el que dije que no diría nada. En realidad no lo dije pero muy en el fondo lo sabía. Leslie siguió siendo mi amiga, hasta la fecha lo es. Nunca llegamos a ser enamorados y nunca llegue a besarla.
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