domingo, julio 04, 2010

Aynier

Aynier mira desde la gran ventana de su apartamento como el mundo se consume entre las llamas y vuelve a revivir cual ave fénix. Mira sin pronunciar palabra alguna y sin mostrarse conocedora de tamaño secreto. Lo hace por precaución, por miedo, y, sobre todo, porque es lo único real que conoce.

El mundo se termina con la puesta del sol y nace de nuevo en la efímera salida del mismo. Cae a pedazos y cenizas una y otra vez. El grito desesperado de las personas perfora dolorosamente la cabeza de Aynier. Cierra los ojos. Se tapa los oídos. Le presta atención a los desvíos improvisados con los que juega su imaginación, tratando de no ver lo que ve y escuchar lo que escucha; sin embargo, es inevitable: las edificaciones tiemblan por unos segundos antes de ser tragadas por la cruel tierra; las aves chillan a lo lejos conforme el cielo abre sus puertas para dejar caer el fuego infinito; el mar agota energías golpeando con fiereza sobrenatural lo que alguna vez fue el limite entre sus dominios y el de los humanos. No hay piedad. Nadie respira luego de aquella noche. 
Entonces, el silencio que se prolonga mas de lo deseado.
Entonces, el final había llegado.



Aynier, que conoce de memoria el mismo libreto, sabe que la eternidad es solo una mentira y que, más temprano que tarde, todo regresa a donde debería estar.

Con la salida del sol el tiempo detiene su castigo y vuelve sobre sus pasos para convertir al mundo en el día común y corriente que todos esperan vivir.

Las sonrisas, la pena, la verdad, la mentira, la compasión, el amor, el odio, el rencor... Todo como debe estar.

Todos regresan, menos Aynier.

Y Aynier lo sabe: solo les quedan unas horas y morirán de nuevo, otras horas más para regresar del infierno.

De pronto, cansada de su castigo, corre a través del cuarto, atraviesa de un salto las finas lunas de la ventana, y deja tras de si una lluvia de cristales. Aynier termina sobre el techo del automóvil de su vecino. 

"Qué sucede", se preguntan por ahí. 
'
'Es la chica del quinto piso'', contestan otros. 

Y Aynier no ve ni escucha nada aunque las muestras de horror de los transeúntes y vecinos se hacen ensordecedoras.

Su mente vaga en la oscuridad. 

Es aquí donde quiere pertenecer. 

Sin embargo, abre los ojos. No esta muerta. Se sienta. El sol acaba de ocultarse, significado que el mundo acaba de terminar.

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