viernes, junio 10, 2011

Sr. Presidente I

A todos a quienes le debo tanto. Y a los que no.

A Vuelo de Hada, Madame Milagros y Erika.


Cuando nací, el 14 de diciembre de 1989, finalizaba el primer gobierno del entonces delgado y alocado presidente Alan García. La inflación había alcanzado cifras no solo preocupantes sino también escandalosas, el terror en las calles producido por Sendero Luminoso, los 'coche bombas', las larguísimas colas para conseguir pan o leche y un larguísimo etcétera era el día a día de los peruanos ochenteros. Se creía que el Perú tardaría muchos años para recuperarse. No estaban equivocados.


En el 1990, cuando aun andaba con baberos y pedía mi sacrosanta alimentación láctea con señas y llantos imparables, Alberto Fujimori, luego de una aguerrida campaña electoral contra, para mi criterio, el mejor narrador que el Perú ha tenido la fortuna de ver nacer, Mario Vargas Llosa, llego al sillón de Pizarro. Como era de esperarse -supongo. Improbable saber algo que no se vivió. Y los adultos no paran de recordarme que no comprendo porque era muy pequeño para saber lo que pasaba. Esta pequeña observación se la deberían hacer llegar a Discovery y a History y a los historiadores que se la pasan hablando de épocas que no vieron y por consiguiente imposible de comprender- se instauro una batalla frontal contra el terrorismo. Fujimori hizo justo lo que se espera de un político promedio: no cumplir con lo prometido. Instauro una dictadura con un autogolpe de estado en 1992 con la finalidad de expulsar a las sabandijas que ocupaban una curul entonces. Se consiguió el objetivo a cambio de muchas vidas y maltratos. Le dio un rumbo distinto al país, mismo que aun ahora se mantiene vigente pero con ligeras modificaciones.

En 1995, cuando mamá me llevaba de la mano al jardín de niños mientras jugaba con Donatello, mi Tortuga Ninja favorita, Fujimori decidió joder todo lo bueno que había hecho prefiriendo perpetuarse en la presidencia cinco añitos más, y eso es todo, eh. Desde ese momento una serie de abusos de poder, violencia y atropello a los medios de comunicación, se hicieron con el país. Efectivamente, ya no teníamos a Sendero matandonos a diestra y siniestra, ni colas pero en su lugar estábamos comandados por un chinito casi tanto o más loco que Alan García a sus treinta. Aun busca convencernos que él no sabía nada acerca de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta. Cómo diría un buen amigo argentino: no me hinchés las pelotas, boludo.

En el año 2000 Fujimori pensó -y esto también lo supongo. No quiero ofender a los adultos que leen discretamente mi blog-: cinco añitos más y ahí termina la cosa. No imaginó que hacerse el ciego tanto tiempo lo volvería miope por lo menos. Y su farsa del 'Baile del chino, chino, chino' no duraría mucho tiempo -aunque la publicidad pagada por el estado para dicha campaña no fue tan mala. Yo mismo moví las caderas con un par de chicocas con esa cumbia pegajosa-, pues los 'Vladivideos' de su asesor Vladimiro Montesinos pagando fuertes cantidades de dinero a diferentes políticos del medio y personajes públicos para realizar una actividad, obviamente, ilícita o mal intencionada -aun nos seguimos preguntando por que fue tan tarado de gravar sus sesiones. Seguramente era un actor en potencia o un psicópata para mantener un registro de algo ilegal. Cosas del Orinoco- iniciaron el destape que ya se esperaba.

Y yo espero continuarla...
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