martes, diciembre 15, 2009

Envidia

Envidia (en latín, invidia)
La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
Francisco de Quevedo





-Shhh…
-Qué sucede.
-Shhh… Te digo no hables, pueden escucharnos.
-De quien estas hablan…
-Shhh… No sacaré la mano de tu boca si no prometes cerrarla. Promételo. Entonces, olvídalo. Tranquilo, eh, tranquilízate que pueden escucharnos, o, peor aun, vernos. Ya te dije que lo prometas…
-Cómo esperas que te lo prometa si prefieres asfixiarme. Qué sucede, Adal.
-Es él, es ella, son ellos.
-Quienes.
-Los ves.
-Si. Son los hijos del patrón y la señora, juegan en la piscina, como siempre.
-Segurito ahora “esa” andará pensando en llamarnos para llevarles más cocacolas y frutas. Fíjate si no son insoportables, con esas caritas de niños bien y esa piscina que hasta parece un lago, mientras “esa” se toma la tercera copa de la tarde, antes del almuerzo.
-Shhh…
-Ahora eres tú que quieres que me calle.
-Te pueden oír. Si deseas ser despedido, bien, pero lo que soy yo…
-Lo que eres no lo puedo nombrar, ni pensar, prefiero esperar que llegue la calma de nuevo. Me entristece ver tanta alegría junta, entre tanta buena onda y tanto calor. Uf! Hay que ver como brilla el sol hoy. Y me preocupa que la señora y sus crías dejen todo sucio y tenga que amanecerme limpiando y sacudiendo y alimentando al perro y al gato y sirviéndole la cena al señor y la ultima copa a la señora. Pero no me extraña que a “esos” no les preocupe ni una gota. No lo dudo. Si lo tienen todo. Total, hermano, ellos son los que firman el cheque a fin de mes.
-Shhh… te digo; si sigues con eso te dejare hablando solo.
-Solo es como estoy rodeado de toda esa gentuza de labios rosados y billeteras abultadas. Solo. Y solo como sé estar seguiré hablando lo que nazca de mis pantalones (no tan finos ni caros como los del señor).
-Les tienes envidia.
-Ni envidia ni mucho menos, se llama recelo (busca en el diccionario) es todo; y, te lo pido, no sigas con esos sermones de sacerdote que no te pinta.
-La envidia es para los débiles, y pareces uno.
-Dante Alighieri dijo que…
-¿Quién?
-Alighieri, bruto, Dante Alighieri.
-…
-Dijo, en La Divina Comedia, que a los envidiosos, en el infierno, los obligan a coser sus ojos para no amar los bienes de los demás. Si debilidad es tener la valentía de coser tus propios ojos pues ignoro que es tener coraje. Y no me cambies de tema, hermano mío, y mírelos de nuevo, aullando como lobos, sacudiendo sus cuerpecitos mojados sobre el gras recién podado mientras la mami bebe el ultimo sorbo de whisky. Es asqueroso saberse un miserable cuando la dicha baila sobre la mierda, hermano, y come caviar, vomitando bilis en la clandestinidad de sus desprecios de personas bien, de viajeros, de peregrinos salvajes, de hijos buenos de dios.
-No entiendo.
-Eres un bruto.
-Y tu un pelotudo. Me voy.
-Vete.
-Qué harás…
-Beberé de mi sangre.
-…
-Buenas tardes.
-Buenas tardes.
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