viernes, diciembre 04, 2009

Soberbia




Soberbia (En latín, superbia).

“Cómo caíste del cielo, oh lucero, hijo del alba! Fuiste echado por tierra, tú que abatías a las naciones” - Isaías 14. 12

“Sobre las altas nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” - Isaías 14.14




No puedo ver: estoy ciego. Ciego de amor, de odio, de pena, de amargura.


No debo ver. No me esperes porque no iré.

Y, sin embargo, camino, respiro, pienso, lloro.

Lloro como lloran los hombres cuando se saben perdidos en el triunfo de sus caprichos, que aprendieron a ir tras lo deseado y no pararon hasta alcanzar el clímax del placer y el poder. Y no tengo miedo. No temo porque aprendo a ver, aunque ciego y sordo ande por el sendero.
Pero las nubes desaparecen.


Desaparezco en la vanidad de la plata y el éxito. Escucho las sonrisas y los halagos. Pienso: soy más; soy perfecto; soy único e inmortal; he logrado todo lo que en mi vida deseaba y todo lo que no. Mentiría si lo negara. Blasfemaría si agradeciera a un dios inexistente porque nunca movió ni uno de sus dedos omnipotentes, omniscientes y omnipresentes para conspirar por mi gloria; construí las escaleras al paraíso con mi propio sudor, con mi propia sangre, entregándome, sin peros ni porqués, a los talentos que no heredé pero que obligué a nacer y desarrollar en todo este tiempo. Y ahora duermo, rodeado de rosas y perfume, en el edén de mi inteligencia, de mi conciencia, de mi sabiduría, de mi fortaleza.
Empero, la ceguera duele.


Duele. Duele y no lloro.


Lloro.

Sollozo en la eterna clandestinidad de mis pensamientos. Pensamientos que fueron corrompidos. Y los corrompedores huyen, lavándose las manos cual Pilatos, quedándose sordos, de pronto, ante las preguntas que se esconden en la profundidad del alma del corrompido. El corrompido que sabe y sabrá siempre se hizo solo, sin ayuda de nadie –porque eso los culpables le hacen creer-, y que las miradas de admiración solo es un complemento, que aquellos impresentables no entenderán ni conocerán nunca el dulce sabor del placer, la fama y el poder.


Ya no hay dolor.


Y soy más, mejor, perfecto.


Y “él” solo es un error en mi pasado.


Y yo, siempre magnifico, bello, listo, sabio, poderoso, rey, dejo atrás la esclavitud de sus ideas de amor y piedad. Y, entonces, termino siendo YO, YO, Y, por un maldito demonio, SOLO, ABSOLUTAMENTE SOLO, YO.


NON SERVIAM, CARAXUS!!!...
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