miércoles, octubre 21, 2009

La maquina

A Dayan, que su Kasa de Papel sea siempre mi único refugio.





Las llamas se alzan hasta el cielo, se oyen los gemidos de dolor provenientes de los recién nacidos, se ven huir a los Ángeles, llegar a lo más alto, sollozar con fuerza y rabia, gritar una y otra vez el nombre de su padre. La maquina se destruye, de ella no quedara nada si no se hace algo de inmediato, lo que fuera, sea cual sea el costo. Los Ángeles más longevos ingresan de nuevo al 'Hueco' a buscar a su creador, a salvarles la vida a los recién nacidos. Mientras tanto, se murmura una conspiración, una traición por parte de algunos de los suyos, y todos se miran pero nadie se atreve a señalar o acusar. Oran, entonces, por el bien de su padre y de La Maquina, que sin ellos no hubiera habido pasado ni habría futuro. No imaginan todo está perdido. Quien anda detrás de tamaña destrucción, de tal pecado. Observan, llorosos y rezando, como los viejos liberan a su padre del fuego, como éste sostiene con fuerza un pequeño objeto de aluminio y ordena no entrar, dejen lo demás, no hay salvación para los recién nacidos, no existe otra posibilidad. Y sus palabras no carecen de fundamento: el hueco, lleno de maquinaria y camas y comida y todo lo que necesitaban para vivir, se derrumba y deja tan solo un gran escombro de tierra y rocas, y ya las llamas no logran escapar, pero tampoco sus hermanos; la vida a la que estaban acostumbrados no será la misma.


Buscan un nuevo refugio. Hoy no habrá casería, dice el creador. Los Ángeles piensan replicar o al menos entender el motivo, porque ellos podrían seguir con su misión sin que esto implique obstaculizar la búsqueda de un lugar para vivir; sin embargo, callan. El creador, en el lomo del ángel mayor, sopesa posibilidades. Piensa mientras siente correr el viento por sus ancianas mejillas, y mira a sus hijos, a sus creaciones, y recuerda que había desafiado a todos consiguiendo lo insospechado: ser dios, y por ende sus vidas le pertenecían. Y su plan desde el principio había sido el mejor. Solo necesitaba una vida, alguien no humano quien lo acompañase en su soledad. Construyó una maquina capaz de creársela para él. Sin embargo, dios no lo dejaba dormir, le replicaba a diario sus intenciones, y le recordaba que él había sido siempre creyente y que no podía estar por encima de él, de ninguna manera. Dios no lo entendía, nadie lo hacia. Por ello les puso alas a su primogénito, así le demostraría que si bien no podía ser más poderoso si podría intentar igualarlo. Empero, dios le demostró que su tarea no seria fácil y que el camino era largo y complicado, dándole el primer hijo muerto y el segundo y el tercero. Algo andaba mal, algo no hacia bien. Los años pasaban y la soledad a la que había temido tanto se convertía en la única guardiana de su secreto, de su misión. Comprendió que no seria capaz de crear perfección e intentó otro método, teniendo como resultado su primer hijo, quien llamó Ángel.


El demonio miraba la caravana desde la clandestinidad de las nubes, a su lado iba el anciano -que ahora era dueño de unas alas negras e inmensas, como sus ojos y su espíritu-. Regresaron de la muerte. Lo hicieron sabiéndose dueños de ella y amos del infierno. Lo hicieron porque la venganza estaría cerca, porque solo un rey gobernaría, y porque la eternidad es muy aburrida. Solo queda observar, luego actuaran.


Recuerda: su vida no se prolongaba y la vejez le había llegado tres años después. Lo había creado con sabiduría, más no con belleza, con fuerzas y alas, más no divino. Lo quería pero Ángel necesitaba algo, no era feliz. Ángel entendía que su vida se acabaría en cualquier momento y que su padre y La Maquina por más que buscaran una solución nunca llegaría porque él estaba condenado a morir. Lo estaba porque era el primero. Una noche, cansado de verlo llorar a su padre, le pidió crear a otros, que el error estaba en sus células y que posiblemente reinventándolas encontraría una cura o al menos un escape a su dolor. Su padre, luego de bofetearlo, decidió concederle el deseo. El siguiente nació muerto y el que le siguió también. Ángel le rogaba no desistir en su intento. Entonces, una mañana, nació Kwar. El tiempo pasaba y Ángel envejecía mientras Kwar tomaba forma humana y belleza y sabiduría, escondía sus alas tras su espalda y corría a la ciudad a buscar algo para divertirse. Kwar había nacido caprichosa, no aceptaba ordenes ni consejos, no creía en la divinidad y se sentía lo suficientemente poderosa para pasar por encima de su padre. Ángel la veía pero no hablaba, mientras su creador continuaba la búsqueda de la perfección, creando un alado tras otro sin darse cuenta que Kwar no lo seguía ya y causaba destrozos en el mundo. Cuanto abrió los ojos era demasiado tarde: Kwar y varios de sus hermanos se habían proclamado autónomos. Entonces, las manos en el corazón, ordenó a Ángel y a los otros deshacerse de su error, sin imaginar que Ángel caería también en aquella primera batalla, sin pensar que esa noche se detestaría por completo, y decidiría acabar con sus errores, crear alados más perfectos, y odiar a dios.


El amanecer no tardará en ocurrir y las nubes no podrán ocultarlos por mucho tiempo. El creador no decide un sitio aun. De pronto, señala una pendiente, entre unos viejos árboles, junto a un río. La caravana de Ángeles descienden y colocan a su padre con cuidado una vez pisan tierra. Son treinta, incluyendo al creador. Escarban sus ropas en busca de comida, no encuentran nada, deben marchar por algo. Su padre les da permiso, solo diez se quedan con él. No imaginan el demonio y el anciano señor esperan el momento para atacar. El final solo será el comienzo de su gloria.


En nombre de su hijo muerto llamó Ángeles a los demás. Creó nuevos asegurándose que nadie intentase revelarse. Les enseñó a obedecerlo, a cumplir sus mandatos. Les dio vida y en respuesta exigió devoción. Emprendió la búsqueda de los rebeldes, a quienes llamó escorias, bichos, demonios. Ya nada lo detendría. Buscaría, una vez su tarea esté cumplida, otros beneficios. Sin embargo, no tomó en cuenta que muchos de estos tomarían su lugar o se negarían a alguna de sus órdenes. A ellos los expulsaba y llamaba demonios, pedía sus cabezas y creaba otros en señal de venganza. Esto sería así siempre, o al menos hasta que encuentre la perfección entre sus muchos hijos.


El demonio no permanecería ni un minuto más como expectante. Ahogó un grito y saltó hasta el cuello de su padre con la firme intención de estrangularlo. Los angeles, que reaccionaron tarde, fueron atacados con la espada del anciano, que había sido robada de lo más profundo del infierno con la intención de asesinarlos. El demonio mantiene ambas manos sobre el cuello de su creador mientras el anciano se lleva una a una cada vida. La tarea se ve casi cumplida, aunque el ultimo en ser asesinado suelta un chillido que hace despertar a los pájaros y los animales silvestres. El piso tiembla y un silencio sepulcral reina en el ambiente. El demonio tiene la vida de su padre en sus manos. Quiere estrangularlo pero no puede, quiere gritarle su odio y no lo logra. No hagas esto, masculla el creador, mirándole los ojos. Puedo porque quiero, padre. Entonces hazlo y vamos de una maldita vez, grita el anciano. El creador, que no había vuelto los ojos al campo de batalla, mira al anciano señor y una sonrisa se dibuja en su rostro. De súbito el viento corre con fuerza y las hojas de los árboles salen disparadas y la tierra tiembla con fuerza y se oyen los gemidos de la vida animal: son los Ángeles que llegan a salvar a su padre. Se paran en corro y esperan señal porque el demonio aun tiene sus manos sobre el cuello del creador. Fuera de aquí, ruge el demonio, o su cabeza no permanecerá mas pegada al cuello. Retroceden dos pasos, miran furiosos al que fue una vez su hermano y se preguntan cómo regresó de la muerte y quien es ese anciano. Su padre sostiene las manos del demonio, éste, sin pretenderlo, se deja llevar y las mantiene estiradas a unos centímetros de él. Sé bienvenido, Ángel mío, se dirige al anciano señor y suelta una carcajada que estremece el vientre del demonio y los propios angeles.


El anciano no es un demonio ni una escoria, dice el creador, es un ángel que ahora se revela contra su padre. Se escucha el eco de cada una de sus palabras, espera silencio y continua, raspando las silabas, lastimando el oído de los oyentes, esperando el momento adecuado. Eres Ángel y como tal debes estar a mi lado, continua, y al de tus hermanos, cumpliendo nuestra misión, hijo mío. Su misión no es digna de ser compartida, dice el anciano. Siempre fuiste intransigente, aunque el más sabio entre mis hijos. Siempre fuiste un demente, padre mío.


Hay preguntas y no respuestas. Los Ángeles ven a su padre frente a un hombre mayor que él, diciéndole que su camino estaba junto al suyo y que lo había visto muerto alguna vez. Escuchan al demonio intervenir, contar su regreso del infierno. Y ahora a su padre replicar: el infierno no existe, al menos no lo hemos visto. Hemos estado ahí, el demonio quiere acercarse y terminar con esto pero el anciano lo detiene con un gesto y le pide esperar. Si estuvieras muerto tu cuerpo no seria el tuyo, y tu alma no estaría entre nosotros. Regresé para vengarme, dice el demonio, para saber por qué me botaste, cuando te olvidaste que también era hijo tuyo y que te obedecía en todo. Silencio, grita su padre, no interesa tus lamentos, no eres tu quien puede decidir si estás de mi lado o no, soy yo quien selecciona. Cuan equivocado te tiene el ego y la demencia, padre, dice el anciano. No pudiste darte cuenta que nunca estuve muerto pues Kwar no me hubiera asesinado ni los otros desterrados; me sabían igual a ellos, eras tu el problema y nosotros nos encargaríamos de ti. Sin embargo, continua el anciano, creaste nuevos hijos y nos perseguiste, tuve que ocultarme muy bien, esperar mi oportunidad, encontrar tu debilidad. Al final, padre, descubrí que tu debilidad es el miedo a la muerte y por ello vas en busca de nosotros, que tienes miedo a reconocer que no eres dios, solo un hombre que quiso poder y en cambio consiguió caos y descontrol.


El creador escucha a su hijo y mira al ángel mayor, le da señales con la mirada: es hora de atacar, libérenme de estos. No le contesta al anciano, prefiere irse. Comprende, eso si, que todo fue idea de Ángel, que Kwar había muerto ayudándolo, y que este pequeño demonio era su instrumento y que su verdadero problema había sido siempre aquel hijo, el más inteligente, quien creía muerto, y a quien amó tanto.


Los Ángeles se elevan unos centímetros y emprenden el ataque. A continuación pasan muchas cosas, tan rápido que no existe lenguaje para contarlas todas o tratar de hacerlas comprensibles, el anciano estira completamente sus alas negras y eleva los brazos al cielo, entonces llegan otros demonios y tres ángeles se vuelven contra sus hermanos. Un ángel carga a su padre sobre su lomo y pendiente abajo desaparece entre los viejos árboles mientras que éste sonríe y aprieta la mano con fuerza, recordando que aunque La Maquina está destruida, sus energías aun se conservan en ese pequeño aparato. El demonio busca escapar pero es alcanzado por los que fueron sus hermanos, lo descuartizan, lo asesinan, quiere recordar que había regresado de la muerte pero tarde se da cuenta que la suya había sido mentira y ahora le tocaba vivirla, digamos, de verdad. El anciano, sabiéndose casi derrotado y sin el demonio como señuelo, escapa al cielo junto con los demonios sobrevivientes. Su plan estaba marchando muy bien: papá está debilitado, es momento de crear su propio reino.

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