martes, julio 22, 2014

Un día en la FIL



El viernes 18 de Julio se inició la 19° Feria Internacional del Libro de Lima (FIL) en el Parque Los Próceres en el distrito de Jesús María, y se extenderá hasta el 3 de agosto.










Este año el país invitado es Chile, por lo que se realizarán distintos homenajes, menciones, y ventas de libros, de grandes autores del hermano país del sur como Pablo Neruda, Isabel Allende, Nicanor Parra, Roberto Bolaño, Gabriela Mistral. Y exposiciones de escritores como Hernán Rivera Letelier, Claudia Apablaza, Sonia Montecinos y Rodrigo Olavarría.








Como en anteriores presentaciones, la FIL llega cargada de novedades, exposiciones, muestras de arte, presentaciones de libros, homenajes y más.






Considero que en un país donde se lee poco es menester que las entidades encargadas de fomentar esta actividad sigan realizando esta clases de eventos.  Y es importante porque en la feria no sólo vas a ver, comprar, y leer, libros de todas las épocas, de todas las clases, y todas las formas, sino a extender tu visión sobre el arte y la literatura con eventos y actividades para todo público.  Es una OBLIGACIÓN del estado poner al alcance de las personas la cultura, en todas sus formas, pues sólo a través de ella se puede crecer de manera intelectual; y sólo a través del crecimiento intelectual conseguiremos el país que tanto reclamamos y que tan lejano vemos.   










Tengo recuerdos muy vigentes sobre la FIL. La más clara que tengo, cursando aún por la academia, es la primera feria que visité en agosto del 2008, justo cuando aquella edición llegaba a su fin. Entonces tenía la firme idea de aprender todo lo que pudiera sobre la literatura que se había hecho, y que aún se seguía haciendo, en Latinoamérica (sobre todo en Perú) porque consideraba que un escritor, o un lector, que se apreciara de ser inédito y universal debía comenzar su búsqueda hacía la excelencia en sus raíces. De qué me valía aprender todo sobre  Stendhal y León Tolstoi (extraordinarios escritores, por cierto. No entiendan de mí lo contrario) si poco o nada sabía sobre Borges y Carlos Fuentes.

Mi camino hacia la literatura latinoamericana había empezado con Julio Cortázar y Bryce Echenique (recomendación de mi profesora de lengua en secundaria), y se había extendido en Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro. Por mucho tiempo estuve encariñado, casi enamorado, y completamente maravillado, con las obras que Mario Vargas Llosa había publicado hasta la fecha. ‘La Ciudad y los Perros’, ‘Conversación en La Catedral’ y ‘La Fiesta del Chivo’, revolucionaron mi forma de ver y entender las novelas.
Esa noche, antes de decidir con mi acompañante retirarnos por lo avanzado de la hora, nos mezclamos en una cola porque disque se presentaría el libro de un escritor famoso.

‘De acuerdo, vamos’, sentenciamos.

La cola iba creciendo más y más, mientras nosotros nos preguntábamos qué escritor era ese que iba a estar. Entre susurros escuchamos hablar de Mario Vargas Llosa. Era imposible. No podía ser él. Al entrar a la sala, que por cierto se llenó tanto que ni una aguja podía ingresar, el escritor salió acompañado de los infaltables Fernando de Szyszlo, Alonso Cueto y Edgar Saba. Presentaba su nuevo libro de ensayos ‘Las guerras de este mundo’. Escucharlo hablar de literatura fue para mí una experiencia mucho más que enriquecedora.


¿Algún día estaría ahí? ¿Algún día publicaría la cantidad de libros que él? El camino parecía tan lejano, tan ajeno a la realidad que mi vida presentaba. El azar o el destino me llevaron esa noche a aquella sala, a escuchar a aquel escritor, y a soñar con una vida como escribidor de historias.   

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