sábado, octubre 02, 2010

Palabras

Bien. En la siguiente entrada intento un nuevo estilo y otra velocidad. Debo reconocer que en mi imaginación la situación parecía menos complicada pero puestos a materia la cosa es muy distinta.
Con este post muestro mis respetos a quienes logran llevar la rima y la poesía como un juego de niños.
Espero lo disfruten.






-Por fin llego. El viaje fue eterno. ¡Uf!, aún no ha llegado, eso es un alivio. Otro poco y ni la atino. En fin. Mejor me siento.


Lejos, aún, una chica, peine y maquillaje en ristre, mira su reflejo con aire preocupado. ¡Espero no se vaya ese muchacho!, piensa. Vuelve a pensar: ¡Ay!, pero si falta para la hora, no me debo preocupar.


En el parque Las Olivas, el joven termina otro cigarro pensando: si llega en cinco estaré relajado. No sabe que lejos la chica va por el sombreado.

Se para, se sienta, un cigarro y otro y no llega pero vendrá porque sé que me ama o, al menos, me amará cuando descubra mis habilidades de conquista. Sin duda, caerá rendida.


Tantos años de soltero tiene su efecto: una gata de nombre Lucero. La decimoquinta cita es la vencida, esta niña no se me esquiva. Y qué pasa que no se avecina. Paciencia, no te desanimes, seguro fue su rimel o algo por el estilo.


Llaves, celular, peine, espejo, maquillaje; oh, ¡por dios!, no cerré el garaje. Mira la hora: veinte para las nueve. ¡Bah!, solo cuarenta minutitos de retraso, ese chico está templado y esperarme no le será complicado.


Sube al auto, señores, pueden creerlo, sin síntomas de arrepentimiento, deseando no haberse olvidado nada. Dentro vuelve al conteo. Prende la radio, busca emisora. Al fin escucha una de Arjona, de esas sentimentalonas. Trata de recordar: apagué la televisión, las luces del cuarto, la comida para Ronaldo, el perrito de Gerardo, su hermano, que cuidará hasta marzo. Todo listo. Entonces nos vamos.


En el parque el chico se cansa de jugar con los dedos. Mejor voy a la esquina, piensa, de repente sale por ahí. Es mejor caminar que seguir aquí. ¡Ay!, si algo le pasó, se detiene de repente. Si algo anda mal, si un chofer asesino le chocó el carro, si está asustada en alguna avenida llamando a su tía o esperando que aparezca la policía pero nadie viene en su ayuda mientras yo pensando en tonterías. Anda más rápido, volviendo la cabeza de una lado para otro, mirando de cuando en cuando el reloj, rezando porque solo sea su imaginación, que llegue por el amor de Dios. La gente ve como el hombre junta las manos y mira al cielo pidiendo por quien sabe quien, es un espectáculo atrós, pobre señor. Sin embargo, al hombre esto le tiene sin cuidado, ya esta desesperado y por más que la llama ella no ha contestado. Si sigue así terminara en el manicomio. O, quizá, no va a venir y solo hace un teatro para despistarlo. Si, eso debe ser, ahora sale con otro sin importarle mis sentimientos... No le importa que ando llorando...


-¿Y mi celular?...Oh, lo tengo apagado- piensa la chica, ya no tan lejos de ahí, ya no tan despreocupada y ya no tan impaciente. No podía salir sin estar bien arreglada y sin dejar la casa ordenada, qué pensaría si lo llevara. Él entenderá, parece ser bueno.

Entonces descubre las llamadas perdidas, el mensaje de voz, el de texto. Maldición, qué exagerado, solo fue un retraso como si a él nunca le hubiera pasado.

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