domingo, octubre 10, 2010

Sobre el nobel y otras cosas


"Uno no escoge los temas, los temas lo escogen a uno" - Mario Vargas Llosa
Mamá no solo fue siempre una dura critica, seguidora e impulsadora de mis cuentitos e historias de amor u odio -a pesar que en el principio se consideró una ferviente opositora- sino que, además, me incentivó a leer. Yo, como tantos otros niños a los ocho años, me negué rotundamente a tocar uno solo de sus libros. Son cosas de viejos, decía. Mi único afán entonces eran las Tortugas Ninjas y Los Power Ranger.

Mamá había decidido volverme un lector afiebrado y procaz recomendándome y comprando uno y otro libro de diferentes autores y de distintas tallas literarias. A pesar de mis constantes negativas nunca perdió la esperanza. Por ello, cuando terminé de leer mi primera novela corrió a felicitarme y besarme y decirme esas cosas que las madres dicen y hacen cuando su hijo hizo algo bueno.

-Lee a Mario Vargas Llosa- me dijo.

-¿Quien es?

No me contestó. A la semana siguiente compró 'La ciudad y los perros'. Vi la portada, la olfateé, la toqué, la saboreé y, por último, dije: muchas letras. Entonces seguí mi camino. Mamá sonrió sin replicas. Parecía divertida.
Los años pasaron rápidamente. Sin darme cuenta escribía poemitas que se las dedicaba a cualquier chica guapa que pasara por mi lado. Escribía a más velocidad y más seguido. Lo hacia pensando en nada. Me parecía asfixiante y excitante dejarme llevar por otra realidad y ser en ella lo que se me viniera en gana. Me era muy complicado terminar una historia o cuento y cuando lo hacia saltaba de alegría y corría donde mamá para que me leyera y me dijera que tal estaba, si le parecía buena, mala o pésima -y no me mientas, má, por favor-. Ella era sincera y hasta a veces dura cosa que agradecía sin reservas.

Aprendí con el tiempo que el escritor para poder escribir necesita de la elemental presencia de los libros. Aprendí que leer a los mismos no ayuda a ampliar el vocabulario, a conocer otros estilos, a ampliar el horizonte. Lo aprendí y por eso abrí 'La ciudad y los perros' que mamá conservaba en el último cajón de su mesita de noche. Y una vez en mis manos me hice de la lectura, y conforme avanzaba descubrí algo aterrador: la literatura era más de lo que pensaba.

Desde entonces junté mis propinas. Tuve entre las manos: 'La tía Julia y el escribidor', 'Conversación en La Catedral', 'La fiesta del Chivo', 'La casa verde' y muchos otros títulos. Continué leyendo al escritor -que, para mi sorpresa, resultó siendo peruano pero que, también, casi ningún peruano que conocía había leído sobre él o sus obras y si sabia lo sabia por el colegio y por lo que decían las noticias de los premios que ganaba-. Descubrí que su narrativa, por fantástica y emblemática, iba más allá a donde mis inquietudes y fantasías me llevaban. Que la calidad con que Mario Vargas Llosa redactaba sus novelas -a pesar de asegurar él mismo lo difícil que se le hace escribir, pero que lo disfruta como nada en la vida- era una meta a seguir, un lugar a donde llegar, donde sentirme bueno e importante.

Mucho se dijo de por qué la Academia Sueca no le había otorgado aún el nobel de literatura a un escritor que ha sido reconocido con todos los premios posibles, que con su prosa ha llegado hasta los más altos niveles de narrativa para así construir la novela completa. Bueno, pues, después de mantenerme expectante, furioso y resentido por los rumores que aseguraban a Mario Vargas Llosa como el candidato eterno -así como Jorge Luis Borges- por sus intervenciones políticas, fue, al fin, galardonado con el reconocimiento más importante de la literatura mundial llevándolo así hasta la fila de los más grandes e influyentes autores alrededor del globo.

Gracias Mario Vargas Llosa. Gracias por darme un nuevo sentido a la carrera que elegí seguir y por la que lucho cada día de mi vida. Gracias por escribir tan bien como lo haces. Gracias porque tus obras acompañaron mis días y noches haciendome crecer, robandome una sonrisa, mostrándome el mundo tal cual lo ves. Gracias por dedicarte como te dedicaste a la literatura, por volverla un oficio, por enseñarle a los más jovenes que si, efectivamente, es posible lograrlo. Gracias por tu dedicación y empeño, las mismas que tantas veces me hizo soñar.

Como dijo mamá cuando se entero de la noticia: ¡Caramba!, hijo, bien merecido lo tiene.

Gracias escritor y, desde aquí y con total humildad, felicidades.
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