viernes, octubre 15, 2010

Encuesta



Hace unas semanas, por intermedio de un post que titulé 'El señor de los libros' -en claro homenaje a una saga que, para bien, para mal o para peor, marcó mi vida y la de muchos otros-, conté la loca propuesta que mamá me hizo en uno de los tantos almuerzos a los que asisto cuando me llama.

Al principio acepté la oferta como un compromiso moral ya que mamá parecía darme toda su confianza sin necesidad de pensarlo dos veces. No voy a negar que me sentí halagado. Es más, imaginé la cara de mis hermanas mayores al enterarse que el heredero de toda la confianza y voluntad era nada más y nada menos que Alexito, el escritor pusilánime y poeta de ventana que sueña con terminar su novela y ganar dinero con ella. Ya las imaginaba rojas de ira, gritando a los cuatro vientos quien sabe cuantas blasfemias, recordándole a mamá mi pasado de chico punk sin oficio ni beneficio, fulminandome con la mirada mientras que por sus cabezas surge la seguridad que yo no lograre absolutamente nada. Todo esto en conjunto me producía una excitación peligrosa, un sentimiento traicionero capaz de nublar la claridad de mis pensamientos. Había que tomar acciones.
-Vieja- le dije, esa misma tarde- estás segura de tus intensiones. O sea, confías en mí... Porque si no es así no hay ningún problema, viejita, yo ya veré que hago... Mira tengo mi novela bien avanzada y el blog cada vez está mejor y hasta dicen que he mejorado, vieja...

-No te atores, tesoro. Come despacio.

-Ya...

-Bueno. No hables más del asunto. Tienes todo mi apoyo.

No dije nada más.

Para sobrevivir a mis hermanas ideé un plan infalible: convoqué y uní en mis filas a unos familiares de mi entera confianza, quienes individualmente destacan en sus trabajos, para hacerles notar a mis hermanas que lo mio era cosa seria y que si me deseaban sabotear no podrían porque ya todo estaba finamente coordinado.

Mi segundo paso fue más simple. Me reuní con mi hermana mayor. Mamá estaba al lado. Le dije poética y romanticamente mis planes y lo buenos comentarios que había recibido en el blog -¿qué blog?... 'Ahora qué hago', pues, mi blog- para luego pasar a una área más delicada: el dinero. Le dije que con lo mio no había pierde, que si desea ser algo que no lo pensara dos veces. Le dije que todas las cartas jugaban a mi favor, que habría que estar loco para no darse cuenta, y que esto y que aquello y que todo saldría bien, pues, Amelia, no lo dudes, caramba. Al final terminó por aceptar.

El tercero, y último, consistió en convencer a mi otra hermana. La respuesta que me dio terminó por sorprenderme: no me expliques tanto, cuenta conmigo y ya.

Desde un punto de vista profesional fue mi primera victoria empresarial: vencí al demonio de la duda y el pesimismo y me hice de él cual si fuera espadachín invencible. Ahora toca avanzar. Eso creo.

Pasando a otro plano, existen factores a tomar en cuenta. Por el momento no tocaré el tema. Sin embargo, es menester recordarles que desde hace unos días al lado derecho de la pagina -si, ahí donde nadie mira ni hace clic y ni siquiera pretende reconocer su existencia- colgué una encuesta. "¿Qué le gustaría encontrar en un librería para hacer más amena su visita?". Las respuestas justo abajito, ajá, solo lleva un clic.

Considero que sus aportes e ideas, como lo hicieron tan bien en la entrada 'El señor de los libros', son de vital importancia. Solo con la ayuda de quienes tuvieron la generosidad de agregarme en sus filas de blogs a seguir el proyecto podrá concretarse sin problemas. Y esto incluye a los que, como Franz bien me recordó, me leen de forma anónima, detrás de cámaras. Espero contar con su apoyo así como mamá.
Publicar un comentario