lunes, agosto 04, 2014

Que la fuerza te acompañe (IV Star Wars Day)




El domingo 3 de agosto Lima fue testigo, en las instalaciones del Centro Español del Perú, de una autentica fiebre Jedi. La cita, que contó con la asistencia de cientos de personas, provistos con ‘sables de luz’, máscaras, y demás indumentaria del universo de Star Wars, y que fueron llegando a la cuadra 19 de la avenida Salaverry en el distrito de Jesús María al promediar la 1:00 PM, dio inicio a lo que sería el IV Star Wars Day.


























Entre exposiciones, stands con merchandising, talleres Jedi para niños, de dibujos y manualidades, fotos con los personajes de la saga, muestras de arte, y mucho, pero mucho, Lego (a cargo de los genios de Lego Club Perú), el día a los fanáticos se nos fue en un abrir y cerrar de ojos.









































Hablar del universo de Star Wars, de la lucha constante de los malvados Sith cont la Orden Jedi, la pelea por el control absoluto de la galaxia, las historias individuales que se escribieron entre los personajes, el amor, el odio, las alianzas, las traiciones, las victorias y las derrotas, sería tan amplio que probablemente esta nota terminaría siendo un libro superior a las 1000 páginas. Y si tenemos en cuenta a las razas de alienígenas que van apareciendo (Ewoks, Dugs, Drovianos, Rodianos, Wookies, Twi’Leks, y un larguísimo etcétera…), imagínense. Pero que esta tan amplia información no desanime, ni genere pereza, al lector que no conozca nada sobre la saga pues no sólo es una forma de cultura sino también un medio de entretenimiento familiar tan rico que es imposible aburrirse en él.








Dicho esto, no negaré mi admiración por el universo que George Lucas, en la década de los 70’s, llevó a la pantalla grande. Entonces, y lo suelto al paso, yo no estaba ni en proyecto; mis padres eran todavía jóvenes y veían aún lejano el día que serían padres. Sin embargo, papá, eterno amante de las historias de ciencia ficción, se enamoró tanto de la temática, de los alienígenas que iban apareciendo uno tras otro, de Yoda, de Chewaka, del honor y valentía de Luke Skywalker, y la belleza, y esto nunca me lo negó, de la princesa Leia que no dudó en transferir a sus hijos esa devoción.  

Nunca faltamos a las proyecciones en el cine de los episodios I, II y III; y en la época donde los dvd’s se hicieron populares, era parte de un ritual familiar ver al menos una vez por semana una película de la franquicia.

Papá, cuando se encariñaba con algo, era tan afiebrado y constante que no había poder humano que lo separase de aquello. De él saqué ese afán por lo fantástico, y esa terquedad en la búsqueda de conocimiento.

Hoy, a su nombre, volveré a ver el episodio IV (‘Una nueva esperanza’), que era su favorito pues estaba convencido que la vida, si bien no es fácil, y que con los años uno entiende que es una lucha constante para vencer a la adversidad, vale mil veces la pena vivirla porque ‘la fuerza siempre estará con nosotros’

Ojalá papá estuviera vivo, seguro la habríamos pasado muy bien en el 'IV Star Wars Day'.



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