domingo, noviembre 08, 2009

Manual de autoayuda (peligro)


Me molesta pensar que, sin pretenderlo, caigo en lo repetitivo y superfluo, en lo políticamente correcto, en lo dignamente aceptable. Y escribir de verdad pasa a otro plano e intento, sin mucho éxito, reflexionar sobre lo cruel y despiadada que ha sido la vida conmigo –en caso ‘vida’ se tome en cuenta con diecinueve años- , y de lo mucho que deseo salir del Perú, y otro tanto de sexo y otro poco de teta, poto, y vagina. Fácil. Tan fácil como relatar una estúpida anécdota, ponerle la cuota adecuada, y esperar la respuesta de los lectores que, tan impredecibles como saben ser, y sin siquiera terminar o empezar o llegar a la mitad del texto, te halagan, te miman, te incentivan –eres el mejor, Alexito, sigue escribiendo; no te detengas, me encantas; tu blog es lo máximo; tienes una mente maravillosa; eres un ángel, un encanto, un amor, un dios- y luego sombrean sus palabras, le hacen clic a otro blog, y pegan, verifican, cuidadosamente, que nada los delate, que todos los detalles estén finamente cuadrados. Aunque, vale reconocer, también hay los que leen. Pero, señores, cuantos de nosotros entran a internet a leer un texto de cuatro, cinco o seis páginas. ¡NO!, ni hablar; se va el tiempo, mucha flojera, y no me manden a leer tanto que no estoy en la facultad ni es un puto examen de filosofía. Y, cual imbécil total, el blogger se cree las palabras y contesta los comentarios, y entonces su blog se vuelve el paraíso de la buena onda y una orgia perpetua de buenas intenciones y amistad total, y cariñitos y quien sabe cuantas cosas más –y esto no lo sé porque mi blog, como se pueden haber dado cuenta, no goza de una popularidad generosa-.

Okey. Esto no es un post contra los lectores ni los estúpidos –como yo- que se creen los comentarios. Se trata, en realidad, de una molestia que sufro en la cien, en la boca del estomago, por debajo de los testículos –oh, dios, escribió “testículos”. Hereje, blasfemo, homofóbico, hijo de Satanás, anticristo- . Se trata, para ir al grano, que me molesta pensar que me vuelvo un puto escritor populacho, del pueblo, de ustedes y de ellos, de los que quieren caer bien porque –al fin y al cabo- terminaran, tal vez, comprando sus novelitas y leerán en su blog sus poemitas sobre el amor, la vida, y las experiencias. Me da nauseas. Pero vomitaré en quince minutos. Odio, entonces, pensar que me vuelvo un escritor de aquellos que publican manuales de autoayuda. Si, si, esos. Y no me miren así que los conozco tan bien porque he leído decenas de esos libros –algunos en el colegio y otros porque mamá o algún tío despistado me prefería leyendo algo de superación personal-. Y, créanme, son muchos. Y de todos he aprendido unas cuantas cosillas que pasaré a explicar, para serle fiel a mi nueva vocación, para no decepcionarlos, porque si todo el mundo escribe sus reflexiones y se pregunta siempre lo mismo y añora su infancia y llora por amor y se da cuenta que nació para vivir y no para sentirse muerto cuando todavía tiene una vida por delante. Permítanme que vomite y regreso.


Punto 1:
Aprendí que los manuales de autoayuda, en su inmensa mayoría, lo escriben viejos con el suficiente dinero para sentarse frente a la laptop y contar su triste experiencia de una niñez pobre en algún barrio de algún pueblito en algún país tercermundista, y una madre prostituta y un padre alcohólico y drogadicto –y esto ultimo no puede es necesariamente literal, pero es muy parecido-


Punto 2:
Señores, por un demonio, acaso necesitan que un viejo panzón embutido en Armani y con el auto del año en la cochera les diga que la vida se ha hecho para pelearla, para aprender de las adversidades, para no darse por vencido, para pensar antes de actuar, para no ser tan tarados cuando la fatalidad tocó nuestra puta puerta y ahora yace, con las manos en los cojones, sentada el sofá de cuero y jugando con la computadora. Se necesita leer las experiencias y los consejos de alguien para tener claro que la mediocridad nos llevará a esa clase de vida y el pensar en alto y seguir por ese camino terminará siendo la única salida lógica. Se necesita que te restrieguen en la cara que tu vida es patética, que en el amor te va mal porque no lo entregas todo, que no tienes dinero porque prefieres callar antes que dar tu opinión. Se necesita leer los consejos de un imbécil millonario para ser, algún día, si papa lindo y la virgentisima recontra virgen María lo permiten, otro imbécil millonario que, al igual que esos, hablen lo bien que les fue. ¿Ustedes si?... okey, no pienso cambiar la opinión de nadie, no escribo manuales de auto ayuda.


Punto 3:
“Como satisfacer a tu pareja sexualmente”; “Siete cómodos pasos para llegar al éxito”; “Chocolate caliente para el alma de los adolescentes”; “La (puta) vaca”; “El manual del inteligente”; “Entre la razón y la discordia”; “El secreto”; “El secreto (volumen extendido, dos videos y un cd de regalo)”; “Lectura rápida: la realidad de las cosas”; “El matrimonio”; “Como llevar una vida matrimonial estable”; “Educando a nuestros hijos”…
¿Algo más?


Punto 4:
Cuando la calidad narrativa se deja a un lado y la estabilidad económica va de viento en popa nace la necesidad de transferir, cual hijo de nuestro señor, aquel conocimiento a los más débiles, porque tal vez, de esa manera, alguien podría beneficiarse. Si, eso haré. Y, como tengo dinero y una prospera empresa, las editoriales se pelearan por mí. Planeta, Alfaguara, Seix Barral, y demás estarán encantados en publicar mi obra, que fue hecha con todo el amor del mundo para los pobres infelices que reflexionan y reflexionan y siguen reflexionando y no saben qué hacer luego. Oh, por supuesto, tener las influencias que tengo ayudara.
Mi manual de autoayuda termina siendo, gracias a la política del dinero llama al dinero, un éxito rotundo. De todas formas, siempre están los que se cansan de leer las caricaturas y el horóscopo en los periódicos, y para pasar por intelectuales –aunque esto no sea posible con La guerra y la paz entre las manos-, leen manuales de autoayuda.


Okey. Esos son mis puntos de vista. Tengo más, pero ya sé que a ustedes no les gustan los textos amplios –Oh, Alex, muy bien tu blog pero me aburre que sean tan largo ¿por qué no reflexionas? Quizá ahora tendrías doscientos o trescientos seguidores- .
Aunque, ahora que lo pienso, voy a aprovechar la oportunidad para dejar en claro tres cosas:

Uno:
Por un demonio, no se tomen todos mis relatos como un asunto personal. Recuerden: escribo ficciones!!.. ficcioness!!!... no soy homofóbico, no creo en el diablo, no creo en dios, tampoco, no y no y no y no!..

Dos:
Si critican, al menos lean.

Tres:
Para tener paz, amor y felicidad, otras tres cosas: coman sano, defequen bien y tiren como mierda.

Un abrazo.
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